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Ni una rendija: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Ni una rendija: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

No quería la Junta de Sanidad del Ayuntamiento de Campo de Criptana que quedaran cabos sueltos, ni dejar rendijas por las que pudiera filtrarse el contagio de cólera en la localidad. Dos sesiones extraordinarias se dedicaron al asunto. Una se celebró el día 17 de junio de 1890, y la otra dos días después, el 19, tal y como podemos encontrar en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del  23 de julio de ese año. De los acuerdos tomados en esta última ya comenzamos a hablar ayer, sobre las fumigaciones y sobre el uso de las ermitas de la Virgen y del Cristo como lazaretos. Había que llegar a toda la población, y por ello se adoptaron tres medidas que dificultarían, previsiblemente, la difusión del contagio en Campo de Criptana. Son éstas:

Facilitar cal, cloruro y yeso á los pobres de solemnidad ó vecinos verdaderamente necesitados para la limpieza y desinfecciones que esta Junta considere necesarias y urgentes.

Examinar todas las aguas de los pozos de la villa y su término, para apreciar si puede permitirse su consumo público, y oficiar á los Sres. Facultativos particulares para que dén (sic) inmediata cuenta de cualquiera caso sospechoso que examinen en sus enfermos.

Dirigir excitación á los cuatro Alcaldes de barrio para que vigilen sus distritos y formen, caso de necesidad, las Juntas de barrio que la experiencia ha demostrado de utilidad en momentos de epidemia.

Por todas partes: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Por todas partes: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Y como para todo esto hacía falta dinero y los acuerdos de la Junta de Sanidad eran papel mojado si el Ayuntamiento no los ponía en práctica, se acordó:

Oficiar al Ayuntamiento para que provea de fondos á la Junta de Sanidad, ó atienda á las medidas precautorias.

Con los acuerdos de aquella sesión extraordinaria del 19 de junio de 1890 quedó cerrada la primera avanzadilla de medidas para prevenir un posible contagio. No quedaría ahí todo. Seis días después, el 25 de junio, la Junta de Sanidad volvería a reunirse de nuevo en sesión extraordinaria. Poco más se podía hacer. Parecía que el contagio llamaba ya a las puertas de Campo de Criptana y se daba ya por sentado que suponía una amenaza para todo el país. Pero esto ya es asunto de mañana, y para mañana lo dejamos. Antes de acabar, llamemos la atención al lector sobre la figura de los “alcaldes de barrio” en Campo de Criptana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO