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Recuerda el ambiente que allá por los años cuarenta del siglo XIX se vivía en La Mancha al de aquel lejano Oeste. Andaban de acá para allá partidas de “facciosos”, como se les llamaba en la prensa de la época, que se dedicaban a secuestrar y a robar lo que pudiesen, especialmente caballerías. Eran estos “facciosos” partidas carlistas que de vez en cuando pasaban se acercaban por aquí y a veces eran simplemente bandoleros que hacían alguna que otra incursión por estas tierras en busca de un botín.

Por estas tierras: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Por estas tierras: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Ya contábamos en otras ocasiones historias de cuatreros y robos de ganado con criptanenses de aquel tiempo como damnificados (véanse: Cuatreros en Campo de Criptana, 1844; y El robo de la mula, Campo de Criptana, 1845; y Germán Muñoz Quirós y Martínez Santos, “Cascarillas”, y el robo de ganado, Campo de Criptana, 1869). Hoy traemos otra de ese mismo cariz que tuvo lugar en el año 1849. Sabemos de lo sucedido por una nota que publicó el Ayuntamiento de Campo de Criptana en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 11 de julio de ese año. En ella, que transcribimos a continuación manteniendo las peculiaridades gráficas del original, se da cuenta de un robo, del siguiente modo:

Nota de los efectos robados por los facciosos á D. Gerónimo Prudencio Salcedo, vecino de esta villa, el 22 de marzo de 1837, para su insercion en el boletin oficial de esta provincia á los efectos prevenidos por Real órden:

Una yunta de mulas de labor, de cinco años de edad, y siete cuartas y tres dedos alzada ambas, la una pelo mohino (sic, por “mohíno”) y la otra castaña, con un lunar blanco en un corbejón (sic, por “corvejón”), tasadas ambas en 7.000 reales.

La nota está firmada en Campo de Criptana el 11 de junio de 1849, por el alcalde,  el Conde de las Cabezuelas. Ostentaba este título entonces  Nótese que había transcurrido un mes entre la firma del documento y la publicación en el boletín, por lo que muy probablemente era ya difícil saber del paradero de ambas mulas.

Caballerías: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Caballerías: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Y como no hay cosa que nos guste más aquí que hablar de palabras, términos como “mohíno” y “corvejón” nos permiten dar rienda suelta (nunca mejor dicho hablando de caballerías) a nuestra inclinación natural a la lexicografía. Y haremos en esta ocasión, como hemos hecho en otras, lo oportuno en tales circunstancias, es decir, recurrir al DRAE. Para “mohíno” encontramos nada menos que nueve acepciones, dos de ellas referidas al mundo de las caballerías. En la segunda de ellas se nos dice que el adjetivo “mohíno”, aplicado a un macho o a una mula, hace referencia al “hijo de caballo y burra”. La tercera acepción es la que conviene al sentido de “mohíno” en el anuncio de 1849. Y dice así:

Dicho de una caballería o de una res vacuna: Que tiene el pelo, y sobre todo el hocico, de color muy negro.

De “corvejón” nos dice el DRAE que es un término técnico de la zoología que procede de “corva”, y que significa:

Articulación situada entre la parte inferior de la pierna y superior de la caña, y a la cual se deben los principales movimientos de flexión y extensión de las extremidades posteriores en los cuadrúpedos.

Precisamente ahí, en el corvejón, era donde tenía una de estas mulas un lunar blanco.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO