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Suelen ir las leyes y las normativas oficiales por detrás, muy por detrás, de la realidad. Es, a veces, como si hubiera dos mundos incomunicados: uno, el oficial, que como una especie de burbuja burocrática vive en su propia realidad adimensional; y el otro, el de la realidad, el del día a día, el del ciudadano de a pie. Supongo que es el sentido común el que tendría que adaptar esa burbuja a la realidad, pero no siempre ocurre así.

La hora nocturna de los panaderos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

La hora nocturna de los panaderos_Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

¿Ejemplos? ¿Me pides ejemplos, lector? Tendrás uno, y como no puede ser de otra manera en este blog, será de Campo de Criptana, pero no de los tiempos presentes, sino del pasado, que es lo suyo aquí.

Nos vamos para ello al año de 1896 y, en particular, al ejemplar del Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del día 10 de agosto. Se publican en él, con un cierto retraso, los extractos de sesiones del ayuntamiento de Campo de Criptana de meses anteriores, muy anteriores en este caso, como marzo y abril. Entre las celebradas en este mes, en la ordinaria del día 27 salió a relucir una cuestión que obligaba al consistorio a tomar una decisión para que la incoherencia no acabase en injusticia. Dice así el punto del día recogido en el Boletín:

El Ayuntamiento acordó tomar en consideración la instancia presentada por los panaderos de esta villa que reparten el pan á domicilio en solicitud de que se le exima del arbitrio municipal de puestos públicos.

Recordemos que por aquel tiempo los impuestos por la actividad económica que se desarrollaba en la localidad, así como por los productos que entraban para su venta, estaban sometidos a arbitrios, es decir, que salían a subasta pública para que el mejor postor se hiciese cargo de ellos por un periodo de tiempo fijado. Uno de esos impuestos pesaba sobre los “puestos públicos”, de venta, se entiende. Por supuesto, es bueno el razonamiento de los panaderos: Si repartían por las calles el pan, no había puestos públicos y, por ello, no era razonable pagar tal tributo. Como se ha visto, el consistorio decidió tomar en consideración la cuestión y seguro que algún nuevo tributo se inventó para cubrir tal contingencia.

Precisamente unos días después, en la sesión extraordinaria de la Junta Municipal del 18 de mayo, se tomó un acuerdo que tenía que ver con este tipo de subasta:

La Corporación acordó aprobar los pliegos de condiciones para las subastas de puestos públicos, pesas y medidas, degüello de reses y alumbrado público.

Era el alcalde en aquel tiempo Justo Alonso, y ejercía como secretario del Ayuntamiento Jesús Díaz Hellín. Y quizá ya en aquellos “puestos públicos” no se incluía la actividad de los panaderos que hacían el reparto del pan a domicilio ¿O sí?

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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