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Verano: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Verano: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Ya decíamos de pasada hace unos días, al referirnos a los éxitos de Enrique Alarcón como jefe de decoración de Cifesa, que por aquellos días de mediados de junio de 1943 estaba en todo su apogeo la siega criptanense, y en aquel tiempo era este momento del año, junto a otros como la vendimia, uno de aquéllos que marcaban el tiempo y determinaban en el calendario anual el ritmo de las estaciones. Nos tenemos que ir para encontrar una noticia sobre la siega en Campo de Criptana por aquel tiempo al mismo periódico en el que encontrábamos la nota sobre Enrique Alarcón, es decir, al periódico Lanza del 18 de junio de ese mismo año de 1943.

Por aquel día 18 nos cuenta Lanza que estaba la siega de los cereales en su momento culminante, y que “pese a la escasez de brazos”, es decir de personal, casi toda la recogida de cebada había concluido. A la vez había comenzado la del trigo mientras que simultáneamente la recogida de las leguminosas estaba en sus primeros momentos. Curiosamente nos dice el periódico que en la recogida de las leguminosas, suponemos que, sobre todo, garbanzo, lenteja y judía, se había “empleado casi exclusivamente a mujeres”.

En la era: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En la era: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Toda aquella siega se estaba desarrollando satisfactoriamente, pero como no hay nada perfecto en esta vida ni existe nada absolutamente intocado por los azares del destino, una pequeña sombra se cernía sobre la producción cerealística de aquel año. Nos dice Lanza, en este mismo lugar, que unas recientes tormentas habían causado algunos daños, pero que a pesar de todo, la cosecha sería mucho mejor que la del año 1942, especialmente en lo que se refiere a piensos.

Y como no hay siega sin eras, tenemos que pensar que por aquel momento aquellas eras que antaño rodeaban a Campo de Criptana estaban en plena ebullición de actividad. Son las eras, quizá, los principales damnificados del progreso. Cuando ya no hicieron falta, se abandonaron, a pesar de que realmente tendrían que haber constituido una parte integrante fundamental del patrimonio histórico criptanense. Eran aquellas eras obras magníficas de ingeniería y por ello aún las pocas que se conservan, las pocas que no han sido tragadas por la expansión urbanística y que han escapado al abandono y a la acumulación incontrolada de escombros y basuras… ésas aún mantienen su perfecto empedrado, como el primer día, como si el tiempo no hubiese pasado, casi como esperando que una trilla fuera del tiempo y del lugar vuelva a pasar sobre ellas marcando sus círculos. Comparemos esta obra con empedrados de hoy en día, causantes de tantos y tantos esguinces, y, frente a las viejas eras, aquéllos saldrán perdiendo. No hay color… y aquella vieja técnica de empedrado ya se ha perdido entre las prisas del progreso

Después de la siega: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Después de la siega: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Evoquemos, para finalizar, aquellos días de la siega, aquellos días de eras repletas de mies en torno a Campo de Criptana. Y nada mejor que concluir recordando lo que nos decía allá por comienzos del siglo XX Leocadio Martín Ruiz en su artículo titulado Bajo el sol de la llanura, publicado en la revista Vida Manchega, año I, del jueves 18 de julio de 1912:

Sobre las eras, en la extendida mies de los rubios trigales de Arenas, Campo de Criptana y Argamasilla de Alba, canta julio su trova de promesas, que serán realidades en los graneros cuando llegue Agosto, el mes que paga momentáneamente las fatigas de los pobres labradores, siempre azuzados por la duda, constantemente llenos de zozobra porque faltan obras de regadío, y el llano, reseco, demanda agua y agua, como desfallecido viajero que atravesara la sábana inmensa del desierto.

Por ello, justo es que junto a la visión poética de la siega, se sitúe también su visión realista, la del esfuerzo, la del calor, la de la sed y la de la fatiga del segador.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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