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Nos situábamos en el artículo de ayer en el año 1880 y en él seguiremos hoy. Decíamos que en la Sesión Ordinaria que celebró la corporación municipal de Campo de Criptana el día 9 de febrero de ese año se había resuelto la convocatoria de una pasantía para la escuela de niños de José María López Manzanares.  Pocos días después, en otra sesión ordinaria, en este caso el día 23 de febrero, salió a relucir la cuestión de las aguas, en este caso las malas. En aquellos días de 1880 la mayor parte de las casas carecían de instalaciones sanitarias adecuadas y apropiadas para la evacuación de aguas mayores y menores, tiempos de retrete que en la mayor parte de los casos no era sino una tabla con agujero que daba al «barranco», repleto éste de una multitud nerviosas gallinas o pavos expectantes… tiempos de orinal, tiempos, quizá de «agua va» en plena calle.

Imaginemos los problemas de salubridad que todo esto conllevaba, tanto que en la sesión ordinaria citada la cuestión fue punto en el orden del día, tal y como encontramos en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del día 3 de marzo de 1880. Se acordó:

Prevenir á los vecinos que no arrojen aguas de mal olor ó de otras clases en la vía pública, bajo la pena de bando de buen gobierno y policía.

Podemos imaginar qué se esconde tras las expresiones «aguas de mal olor» y «(aguas) de otras clases».

Y como el lenguaje de Campo de Criptana es rico en usos peculiaridades léxicas, hagamos referencia a uno de tantos casos: El término «barranco». Tres acepciones recoge el DRAE para esta palabra, las tres generales a la lengua española común. Según la 1ª, un «barranco» es un «despeñadero, precipicio». En la 2ª encontramos:

Quiebra o surco producidos en la tierra por las corrientes o avenidas de las aguas.

Y en la 3ª se nos dice:

Dificultad o estorbo en lo que se intenta o ejecuta.

Añadamos a estas acepciones la comúnmente utilizada en Campo de Criptana en otros tiempos, que quizá podríamos definir como «pre-sanitarios». Tradicionalmente con el término «barranco» se designaba en Campo de Criptana al espacio al aire libre separado de las habitaciones de uso común, muchas veces al otro lado de un corral, que estaba dedicado a recoger evacuaciones fisiológicas de la familia… y también a otros menesteres, como recoger la basura que la vida hogareña generaba día a día. Era transitado tal lugar a veces por gallinas y/o pavos, como ya se ha dicho, en los que se despertaba gran expectación y emoción cada vez que los signos anunciaban que alguien de la familia tenía que cumplir con sus necesidades corporales. De nuevo, queda patente que la lengua de Campo de Criptana tiene una gran riqueza en usos léxicos que quizá ya están en triste proceso de desaparición. En aquellos tiempos… más natural todo… imposible.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO