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Seguimos hablando de Ramón Chico de Guzmán, conde de la Real Piedad, quien aunque desempeñó la mayor parte de su vida política y cultural entre Madrid y Murcia, tenía una estrecha vinculación con Campo de Criptana. Aquí tuvo casa, en su actual calle Murcia, y aquí tuvo y tienen aún sus herederas tierras, en la que se llamaba “heredad de Marta” (véase: Notas sueltas y dispersas sobre los Chico de Guzmán en Campo de Criptana, 1872-1915, II). Fue también Ramón Chico de Guzmán diputado en las Cortes por la circunscripción de Alcázar de San Juan y, cuando la vida le sonreía con una prometedora carrera política por delante… se adelantó la muerte en 1876, cuando contaba con 32 años.

Dejó Chico de Guzmán una profunda huella entre quienes le conocieron. Fue mucho más que un gobernador de Murcia, mucho más que un diputado, mucho más, en fin, que un político… fue una persona de una profunda y vasta cultura que tanto le daba para componer el libreto de una zarzuela como para escribir, como veíamos en el artículo de ayer, un estudio biográfico del escultor Francisco Salzillo.

Muchos años después de su muerte, se recordaban con añoranza las tertulias y reuniones sociales en su casa de la calle Hortaleza. Muchos años después, la nostalgia invadía a muchos de quienes participaron en ellas, a muchos de quienes estuvieron en aquellas veladas que reunían a lo más granado de la política y de la cultura de la época. Entre aquellos figura el escritor murciano Carlos Cano y Núñez (1846-1922), quien dedicó al abogado, político y periodista Juan Valero de Tornos (1842-1905) una serie de poemas que se publicaron en la revista Gente vieja: Últimos ecos del siglo XIX, Siglo II, año V, núm. 120, del 30 de octubre de 1904 (pág. 8). Recorre el autor a lo largo de los versos de su composición su vida y los momentos más memorables de ella en lo que podríamos calificar como una “Biografía poética”, cosa rara entre las raras. Cuando llega a la estrofa décima encontramos lo que aquí nos interesa, pues nos dice:

Asistí á las reuniones de Ramón Chico
de Guzmán, cuyo número dejó honda estela,
y allí admiré el ingenio fecundo y rico
de Liniers, Sánchez Pérez, Luca y Silvela.

Silvela no es otro que Francisco Silvela (1843-1905), quien ostentó varios ministerios entre 1879 y 1900 y la presidencia del consejo de ministros en 1899-1900 y 1902-1903. Fue además periodista, ensayista y académico en varias reales academias, entre ellas la de Historia. Y estos recuerdos afloraban ya pasados veintiocho años del fallecimiento de quien era el alma mater de aquellas reuniones. ¿Teníamos razón o no, lector, cuando decíamos que las tertulias de don Ramón dejaron una profunda huella en el recuerdo de quienes le conocieron?

Hemos dicho al principio que Ramón Chico de Guzmán también compuso libretos de zarzuela. Una de sus obras con música de Inzenga se estrenó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 28 de abril de 1871. Del gran éxito de la representación dio cuenta el periódico El Imparcial, del martes 2 de mayo de ese año en su sección de espectáculos. Gustó tanto la obra que Chico de Guzmán:

… fue llamado á la escena una vez durante la representacion, y dos más al terminarse esta, presentándose con el Sr. Inzenga y siendo ambos sumamente aplaudidos.

El nombre completo del compositor es José Inzenga y Castellanos (1828-1891). Se especializó en la composición de zarzuelas y tuvo un gran papel en la fundación del Teatro de la Zarzuela de Madrid.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO