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Siembras feraces: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Siembras feraces: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Pensábamos que ya no quedaba nada más por decir sobre el vino y sus historias en Campo de Criptana. En otros temas, éramos de la misma opinión, pero, al igual que en otras ocasiones, también en ésta nos hemos equivocado al asumir presunciones tales. De vez en cuando vamos encontrando pequeñas cosas que decir sobre muchos de estos temas que considerábamos agotados. Con el del vino también, y por ello hoy hablaremos de nuevo del vino de Campo de Criptana, pero yéndonos a una época más temprana que en otras ocasiones, al año 1872. Pero ya entonces el vino de Campo de Criptana tenía fama y se podía encontrar por todos los rincones de España, como muestra el ejemplo que sigue.

Lo encontramos en un anuncio publicitario que apareció en el Boletín de comercio, año XXXV, núm. 47, del martes 27 de febrero de 1872. En él se dice lo siguiente:

Vino y aguardiente superiores de la Mancha

Se encuentran estos, procedentes del Campo de Criptana, en el almacen de Pereda y Compañía, en Santander, calle de la Compañía número 20. También se venden vinos superiores de Navarra y Rioja á precios muy arreglados.

Se facilitan las muestras, y se sirven los vinos á domicilio á los que lo soliciten, sin aumento de precio.

Fue por aquellos años del último cuarto del siglo XIX el vino el producto de exportación por excelencia de Campo de Criptana. Pero no sólo el vino; otros productos relacionados con la vinicultura que se elaboraban en Campo de Criptana también se exportaban. Un ejemplo es el coñac Anglade (véase: El cognac Anglade… cognac criptanense, Campo de Criptana, 1886-1893).

En torno a la estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En torno a la estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En el artículo de ayer (¡Que viene el tren…!, Campo de Criptana 1854) hablábamos sobre los momentos inmediatamente previos a la llegada del ferrocarril a la localidad. Ya en aquel momento, en verano de 1854, había empresas criptanenses interesadas en beneficiarse del transporte de mercancías para sus productos. No cabe duda de que el tren fue la gran oportunidad para el vino criptanense. La estación de la localidad se convirtió en el último cuarto del siglo XIX en el auténtico epicentro de la actividad industrial criptanense y atrajo a sus cercanías a tantas y tantas bodegas… tantas que acabó por configurarse un nuevo barrio criptanense allí donde antes de la llegada del ferrocarril solo había campos, campos y más campos, feraces siembras y viñedos verdeantes.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO