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Hacia Arenales: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Hacia Arenales: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Casos abiertos… seis años después. ¿Hay crimen perfecto? Parece que no… ¿Y robos perfectos? Quizá tampoco… o quizá sí, porque sin pruebas, sin los artículos robados, seguramente que no hay caso. Lo decimos por aquellos robos que sufrieron algunos vecinos de la aldea criptanense de Arenales de la Moscarda en 1941. Consistieron en su mayor parte los artículos robados en productos alimenticios y, dada la situación de la época, difícilmente habría sobrevivido intacto aquel vino robado, o aquella harina, o aquellos garbanzos. Las gallinas, como decíamos ayer, acabaron seguramente en pepitoria, o al ajillo, o con patatas, o a la cerveza, o a la cazuela, o con tomate, o para un jugoso y reconfortante caldo, y, aunque no hubiera sido así, mucha suerte habrían tenido tales gallinas para continuar seis años después vivas, picoteando en un corral cualquiera de día bajo tímidos rayos del sol, soñando por la noche que volaban libres por el firmamento… aunque, reconozcámoslo, es realmente difícil saber qué sueña una gallina.

Pero la Justicia es inasequible al desaliento. ¿Casos abiertos? Ni uno había que dejar por aquel tiempo, y mucho menos todos aquellos robos que en 1941 asolaron a Arenales de la Moscarda. Y por ello, para poner las cosas en su lugar, el Juzgado de Alcázar de San Juan emitió una ristra (si se nos permite el término) de edictos en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 10 de diciembre de 1947. De dos de ellos ya hemos tratado en sendos artículos anteriores (véanse: Caso abierto: La persistente ola de robos de 1941 en Arenales de la Moscarda, Campo de Criptana 1947, I: Las arrobas de vino; y Caso abierto: La persistente ola de robos de 1941 en Arenales de la Moscarda, Campo de Criptana 1947, II: Un poco de todo).

Cercanías de Arenales: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Cercanías de Arenales: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Así pues, el juez municipal (accidentalmente en funciones de Juez de instrucción) de Alcázar de San Juan, don Deogracias León Molina, hizo publicar en el citado boletín un tercer edicto, que dice:

Por el presente edicto, se interesa de todas las autoridades ordenen se proceda a la busca y rescate de siete gallinas y un gallo y un cabrito de unos seis kilos aproximadamente en la fecha de comisión del hecho, propiedad de Toribio Cruz Sánchez, vecino de la aldea de Arenales de la Moscarda y que le fué sustraído de su domicilio de tal aldea a mediados del mes de marzo del año 1941 procediéndose igualmente a la busca y detención del autor o autores de tal hecho, todo lo que de ser habido será puesto a la disposición de este Juzgado a las resultas de sumario número 158 de 1947, sobre robo de aves.

Hay un detalle muy evidente: Aquellos cacos que cometieron tales robos sentían una predilección especial por las gallinas y, sobre todo que se iban confiando… cada vez un poco más. Primero fue el vino, luego productos alimenticios varios y aperos de caballería… ahora las gallinas y el gallo y un cabrito. Sin embargo, no era cuestión de buscar ya, seis años después, al cabrito. A esas alturas y después de tanto tiempo, aquel cabrito (en caso de haber acabado en una caldereta) ya sería todo un cabrón hecho y derecho, admitiendo aquí con toda la educación del mundo la sexta acepción del término “cabrón” que se recoge en el DRAE: “Macho de la cabra”. De las gallinas… seis años después, ya ni para caldo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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