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El 26 de abril de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, Italia firmaba en Londres la ruptura del tratado de la Triple Alianza y se enfrentaba, con ello, a sus antiguos aliados. Mientras tanto el Papa Benedicto XV (1854-1922) declaró la Santa Sede espacio neutral con la intención de mediar para conseguir la paz. Y esto, por supuesto, no gustó a los países que se hallaban metidos de lleno en el conflicto, lo que motivó que hubiese fuertes presiones a la Santa Sede.

Esto nos lleva ahora a la provincia de Ciudad Real y también a Campo de Criptana y su aldea Arenales de la Moscarda, en el mes de julio de ese mismo año, pues formaron parte de una campaña nacional de homenaje al papa Benedicto XV con la intención de paliar en lo posible sus cuitas y tribulaciones en tiempos tan procelosos. Y como no podía ser de otra manera, el periódico provincial El Pueblo Manchego, que no dejaba pasar ningún acontecimiento como éste, se hizo eco del homenaje y publicó el manifiesto en la portada del número 1.354, año V, del 16 de julio de 1915. Veamos el primer párrafo, y éste nos servirá para comprender ya toda la situación:

Las angustias de vuestro paternal corazón al contemplar la guerra que despedaza á las naciones, encone entre sí á los hijos de la misma madre la Iglesia y llama á las puertas de la Ciudad Eterna, privando á Vuestra Santidad de la independencia para ejercer el ministerio apostólico de paz, de mansedumbre y de justicia, conmueven profundamente á los españoles, que comparten con Vuestra Santidad las amarguras de vuestro Santísimo pecho.

Sigue el manifiesto, y vemos un poco después cuál era su intención:

Mas por si llega á sonar la hora trágica en que la Cátedra de San Pedro, asentada secularmente sobre Roma haya de buscar asilo lejos de la cúpula del Vaticano, el pueblo español, que á la hidalguía de su raza y á la generosidad de sus anhelos unió siempre una devoción ardiente á la Santa Sede, ofrece á Vuestra Santidad hospitalaria mansión en esta tierra bendita enriquecida con las reliquias de innumerables Santos y amasada con la sangre de los héroes que forjaron la Patria en la fragua encendida de la fe católica.

Así, continúa diciendo el manifiesto, a la brillantez de la historia española, al Pilar de Zaragoza, a sus monumentos a sus letras, uniría,

… la nación española la gloria inmerecida de cobijar siquiera un momento al representante de Cristo en la tierra, de ofrecer asilo inviolable al Papa, cuando ébrios (sic) de furor se desgarran otros pueblos, más que los muros majestuosos de El Escorial os servirían de escudo, Santísimo Padre, nuestros esforzados, y más que sobre la tierra de España se asentaría vuestro Trono sobre los corazones españoles.

Es decir, que se ofrecía al Papa El Escorial como lugar de asilo si la situación en Roma continuaba empeorando. El manifiesto fue acompañado de la recogida de un gran número de firmas por toda España en su apoyo, para que el Gobierno hiciese formalmente tal ofrecimiento.

Y siendo El Periódico Manchego publicación de la provincia de Ciudad Real, como es lógico, a continuación se ofrece el número de firmas recogidas por cada uno de los pueblos de la provincia, con sendos textos de Luis León y del Arcipreste de Alcázar de San Juan, y con el siguiente encabezamiento:

El Priorato de las Órdenes Militares
suscribe el presente Mensaje
con 210.720 firmas.

Y vamos a lo que aquí nos interesa, porque Campo de Criptana y Arenales de la Moscarda están también, como es lógico, entre los pueblos de la provincia que contribuyeron con las firmas de sus vecinos en tal campaña. En Arenales de la Moscarda se recogieron 320 firmas, y en Campo de Criptana 5.533. Prácticamente no falta ningún pueblo en el listado. Así, entre los cercanos a Campo de Criptana: Socuéllamos, con 1.656 firmas, Pedro Muñoz, con 2.819 firmas, Valdepeñas (Santo Cristo), con 8.043, y Valdepeñas (Asunción), con 10.430, Argamasilla de Alba, con 711, Herencia, con 5.905, Tomelloso, con 5.666, Alcázar de San Juan, con 9.598, y Manzanares, con 6.237.

Habría que ver cuál fue la reacción del Gobierno español a esta petición que rozaba, sin duda, la utopía… eso sí, generosa y con muy buen intención.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO