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Comenzábamos a imaginar cómo sería aquel paisaje criptanense del Camino del Arcediano y sus pequeñas lagunas hace ciento treinta años (véase: Un paseo en el tiempo: El Camino del Arcediano… y un pozo, Campo de Criptana 1886, I). Le gusta al que esto escribe introducirse en estas recreaciones del pasado a partir, siempre, de un elemento real, en este caso el mapa del Instituto Geográfico y Estadístico de 1886, página 714, en el que encontramos la mayor parte de los términos de Campo de Criptana y de Pedro Muñoz.

Campos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Campos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Hablábamos ayer del escenario de este paisaje, es decir, del pueblo de Campo de Criptana y de su plano en 1886. Pero vayamos a lo que nos interesa, que no es sino recrear aquel pedazo de paisaje criptanense de aquel año. Encontramos que no hay aún carretera de Nieva, no hay aún carretera del Puente de San Benito. Hay caminos, los de siempre, los que durante siglos fueron transitados por carros y carretas y por caminantes y por quienes iban y venían a sus campos. Hay, es cierto, un Camino de Nieva, cuyo recorrido, más o menos coincide con la actual carretera, aunque con más recovecos… es cierto. La carretera del Puente de San Benito, más o menos, venía a coincidir con el entonces llamado Camino de Campo de Criptana a Argamasilla de Alba, aunque no exactamente.

Encontramos también, como era de esperar, el camino al que nos referíamos ayer, el del Arcediano, aunque en este mapa su denominación no es exactamente igual: Se llamaba en 1886 «Camino del Portillo del Arcediano». Eso de «del Portillo» se ha perdido en el nombre actual. Imagínese el lector la vista de Campo de Criptana desde aquel lugar, desde el mismo en el que ayer nos encontrábamos, ante esas pequeñas lagunas repletas de vida. Eran entonces campos, campos y más campos… campos hasta donde alcanzaba la vista, campos hacia el norte, y al otro lado de la vía férrea, y mucho más allá… y allí, a lo lejos, se erigía Campo de Criptana, más blanca, más reluciente que la de hoy, porque la cal irradia una blancura mucho más pura y limpia que otros materiales. Quizá más molinos cabalgarían su sierra, también blancos. Pero, dominando toda la piña de casas criptanenses, se erigía su iglesia de entonces, aquella que una de las torres más altas de la provincia. Era, seguramente, el paisaje más marrón, o más verde en primavera que hoy; era, seguramente, el pueblo más blanco que hoy.

Todo el paraje: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Todo el paraje: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

No había entonces agua en ese paraje de Las Charcas, topónimo que no aparece en el mapa de 1886, aunque sí en los mapas actuales. No había llegado aún la mano del hombre a construir allí una depuradora que estuvo en el origen de estas pequeñas lagunas que encontramos allí y que no sabemos si siguen depurando o no… pero allí están, y el agua es limpia y cristalina, azul como debe ser el agua en los días de cielos azules de primavera, como el de ayer.

Lo dejamos aquí por hoy, pero no hemos dicho todo lo que se podría decir sobre el agua y el paisaje de aquel paraje. Lo que queda, queda para el artículo de mañana que será (no lo sabemos con seguridad) el último de esta pequeña serie.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO