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Un camino... a lo irreal: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Un camino… a lo irreal: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

No podríamos acabar una serie en este blog sin su correspondiente epílogo, o sin sus correspondientes epílogos, porque en ciertas ocasiones el final de una serie ha requerido no de uno, ni de dos, sino de tres epílogos. No hay muerto sin epitafio y, del mismo modo, no puede haber final de serie sin epílogo, y por ello dedicamos este artículo de hoy a cerrar como es debido esta pequeña sucesión de escritos en la que hemos hecho algo por lo que sentimos una predilección especial en este blog: Pasear el tiempo, es decir, ir al pasado relativamente lejano, volver al presente y, de nuevo, retornar al pasado pero, esta vez, buscando uno más reciente. Es en esto este blog, salvando las distancias, algo parecido a la máquina del tiempo de H. G. Wells, pero, a diferencia de ésta, el futuro nos está vedado, y mucho más el futuro lejano en el que los derroteros criptanenses nos resultan completamente ignotos. Podríamos hacer, como en otros casos, una recreación de cómo sería el Criptana de dentro de muchos años a partir de un análisis del presente, pero sería, sin duda, un esfuerzo vano, porque el destino de las cosas es caprichoso y va hacia dónde quiere, sin que podamos nosotros decir “Por aquí” o “Por allí”. En esto, el destino es en extremo casquivano y va a su aire sin atender demasiado a razones… como debe ser.

Sólo nos es lícito en este blog ir al pasado o quedarnos en el presente… y comparar. Eso es lo que hemos hecho con este trozo de paisaje criptanense hoy ocupado por una laguna, aunque no siempre fue así. No era así, por ejemplo, en 1886, según podemos deducir del color marrón tierra que pinta aquel paraje en el mapa del Instituto Geográfico y Estadístico de ese año, página 714, en el que se nos representa, como ya se ha dicho, parte de los términos municipales de Campo de Criptana y de Pedro Muñoz.

Imaginando Criptana: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Imaginando Criptana: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

He comparado ambos mapas, el antigua y el más moderno y nos dejan de sorprenderme las grandes diferencias que respecto al paisaje ambos presentan entre ellos. Uno se da cuenta en estos casos de cuánto hemos modificado el paisaje natural, cómo grandes secciones de tierra que en 1886 formaban parte del universo rural, hoy están cubiertas de calles asfaltadas, de casas, de barrios enteros. En esto se da cuenta uno de cuánto ha crecido Campo de Criptana en ciento treinta años, mucho más, por supuesto, de lo que creció en varios siglos hasta entonces. Podríamos decir que el núcleo urbano criptanense de hoy ocupa una extensión prácticamente el doble de grande que el de 1886, y esto hace que calles que en aquel tiempo fueron última frontera, el último símbolo de urbanismo frente a las extensas llanuras campestres, hoy quedan casi prácticamente en lugares muy céntricos. Demos varios ejemplos. La actual calle del Monte, que hoy queda muy retirada de las afueras de la localidad, en 1886 era la última calle e, incluso, no tenía el trazado completo. Había un momento en que la calle se convertía en camino o el camino en calle, puesto que en este caso la direccionalidad de la consideración de “camino” o de “calle” depende del punto de vista de observación. Pero, sin duda, primero fue seguramente el camino, y luego vino la calle… que es el orden natural de las cosas. Lo mismo ocurría con la calle Paloma, era la última hacia el oriente, al igual que la calle Concepción desde el cruce con Paloma hasta el cementerio era, prácticamente, camino. Más ejemplos: Calle Calvario, calle Huertopedrero, calle Fontanilla, plaza del Pozohondo, calle Valenzuela, primer tramo de la calle Alcázar, calle Villalgordo, o actual calle del Cristo de Villajos… todas eran los bordes del Criptana de entonces, cuando urbs y rus no siempre tenían claros sus límites.

Tantos cambios...: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Tantos cambios…: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

A todo esto me ha traído la observación de estos mapas del ayer y del hoy. Siempre he creído que la observación de esas líneas que los cruzan, que no son sino caminos, que esos espacios coloreados en rojo, que no son sino casas y pueblos, quinterías o coceros, y esas líneas renqueantes en azul oscuro, que no son sino arroyos o ríos… todo ello da para imaginar mucho, da para recrear paisajes, para inventar ambientes, para dibujar mentalmente paisajes… para volver, en fin, al pasado, como en la máquina del tiempo, la de H. G. Wells.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO