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Primavera exuberante: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Primavera exuberante: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Dan ganas estos días de no volver al medio natural de este blog, es decir, al pasado criptanense, y de quedarse en estos campos de esta primavera de 2016, bajo esta lluvia intermitente que nos está dejando los paisajes más impresionantes y feraces que hemos visto en muchos años.

Tomes la dirección que tomes, lector o caminante, o lector y caminante a la vez, contemplarás esas interminables alfombras verdes que parecen haber tupido la llanura manchega en poco tiempo, precisamente en un año, que, quién lo diría, hace unos meses parecía que sería muy seco. Todavía no es suficiente, sin embargo, para que veamos como hemos visto en otros años aquella corriente de agua ahora casi olvidada, tiempos no muy lejanos en que una orquesta de ranas oculta entre la maleza croaba escandalosamente y sin parar. Me refiero al Arroyo de San Marcos.

Estos contrastes forman parte de la naturaleza de un arroyo como éste, tan sometido en sus designios a periodos de sequía y a periodos de humedad. Hoy tiene agua y mañana no. Así son las cosas. No es la primera vez que hablamos de este arroyo; no ha sido la primera vez tampoco hoy la ocasión en que me acercado al paraje a ver si ya, por fin, tenía agua, a ver si ya, por fin, las ranas croaban, a ver si ya, por fin, su suave hilillo de agua iba conquistando su cauce rumbo a la depresión de la Laguna de Salicor. Pero no. Todavía no.

Huerta de Treviño: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Huerta de Treviño: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Ya en el mapa del Instituto Geográfico y Estadístico de 1886, en cuya hoya 714 encontramos buena parte del término de Campo de Criptana, encontramos dibujado el curso de este arroyo desde su nacimiento en la Casa de Treviño, pero, como corresponde a su carácter estacional y como marcan las pautas del dibujo topográfico, su línea es discontinua. Y no solo eso: En este mapa concluye su curso este arroyo al poco de cruzar siguiendo su dirección noroeste aquella línea de ferrocarril utópico, el de Alcázar de San Juan a Quintanar de la Orden, precisamente en su confluencia con el Camino del Molino Hundido. Es algo que no es nuevo en La Mancha cuando se habla de arroyos o ríos; es como si se los tragara la tierra.

Donde nace el arroyo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Donde nace el arroyo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Curiosamente otra visión muy diferente encontramos en un mapa actual, por ejemplo el del Instituto Geográfico Nacional. En él también vemos el Arroyo de San Marcos, dibujado con línea discontinúa, como reflejo de su carácter estacional. Pero su curso se prolonga más allá del lugar en el que finaliza en el mapa de 1886: Cruza el camino que en otros tiempos estaba destinado a ser el ferrocarril citado, y continúa dejando a su derecha el Montón de Trigo. Al poco cambia su dirección y sigue hacia el norte, hasta incorporarse a la Laguna de Salicor entre dos parajes: Los Espartines y los Altos de Casarrubios. En total desde su nacimiento, ha recorrido cuatro kilómetros y medio. Y, como es de esperar en toda corriente de agua, aunque a veces carezca de ella, tiene este arroyo su propia depresión, o cuenca. El paraje en el que nace está situado a poco más de 710 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, todo es descenso: los 698 metros al poco de cruzar el camino de Miguel Esteban, a 693 en el paraje de la Vega del Cristo, y a 681 ya en la llanura en que enfila la dirección a la Laguna de Salicor.

No tendrá hoy agua este arroyo, no tendrá ranas… y quizá tarde mucho en tenerlas, pero ahí sigue, y algún día, suponemos, volverá a ser lo que fue, aunque sea por un pequeño periodo de tiempo, quizá sólo unos días, como corresponde a su naturaleza estacional.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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