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En el ayuntamiento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En el ayuntamiento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Eran los tiempos de la Primera República, que llegó un 11 de febrero de 1873 y se fue un 29 de diciembre de 1874. Había abdicado Amadeo I acuciado por los problemas políticos de España, cuya situación definió como lo más parecido a una jaula de grillos, y hubo una pausa monárquica, hasta que volvió un Borbón, Alfonso XII. En efecto, era la España de entonces una jaula de grillos, en todos los sentidos, porque incluso, para quien hoy pretenda ir abriéndose un camino de luz entre los vericuetos de la historia de aquel tiempo, la sensación es de barullo y de todos contra todos.

Estaban los ánimos exaltados, en toda España, y también en Campo de Criptana. Un ejemplo de ello es el grave altercado que tuvo lugar en junio de 1873 en el Ayuntamiento criptanense, suceso que no fue sino un pequeño y fugaz reflejo de lo que estaba ocurriendo en todo el país. Nos lo cuenta el diario político de la tarde El Gobierno, año II, núm. 163, del martes 17 de junio de 1873. Dice así la nota:

El campo de Criptana ha sido teatro de sucesos lamentables, que lo han convertido en un nuevo campo de Agramante. El partido intransigente, que segun nuestros informes desea la destitución del ayuntamiento, atacó las casas consistoriales, en la que se habían refugiado los individuos de un círculo inmediato, que supieron iban á ser acometidos: durante algun tiempo, sitiados y sitiadores sostuvieron un tiroteo, del que resultó herido en el rostro uno de los concejales. La actitud de la mayoría de la población, cuando se enteró del suceso, contuvo á los agresores, que por fin se retiraron; pero se teme que se reproduzca la agresión si no se toman medidas para evitarlo.

Se compara en la nota lo ocurrido en campo de Criptana con el «campo de Agramante». Es ésta expresión conocida en español aunque, reconozcámoslo, no muy usual ni cotidiana. La recoge como tal el DRAE en la entrada «campo», con el siguiente significado:

Lugar donde hay mucha confusión y en el que nadie se entiende.

Pero vayamos mucho más atrás en busca de su origen, porque realmente tal dicho aparece en el Orlando Furioso (1516) de Ludovico Ariosto. Era Agramante un personaje de esta obra que estaba al mando de los sarracenos que sitiaban París, defendida por Carlomagno. Es, pues, el «campo de Agramante», un lugar de discordia, como lo fue por un breve espacio de tiempo el ayuntamiento de Campo de Criptana en aquel tiempo, como lo fue España en aquel tiempo… a lo mejor como lo fue también Europa… y quizá como lo fue también el mundo de entonces, campo de Agramante, jaula de grillos universal.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO