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Las promesas se las lleva el viento… y si vienen de la política más, y a veces de otros ámbitos… a lo mejor es que realmente la promesa en sí, que se suele hacer en momentos de euforia, en ratos de acaloramiento, luego se enfría como un témpano y cae en el olvido. El olvido es como un cajón de sastre en el que cabe casi todo. Recuerdos, ideas, opiniones… y también promesas, sobre todo promesas. Supongo que el cajón de sastre del olvido está, fundamentalmente, repleto de promesas incumplidas, tristes, ajadas, solas y abandonadas, sin esperanzas de futuro. Cada promesa tiene su tiempo, su oportunidad, y cuando ésta pasa, la promesa es historia. A lo mejor hay promesas que sí se cumplen; tampoco, digo yo, hay que ponerse en lo peor. En esta vida no se puede generalizar porque corre uno siempre el riesgo de equivocarse. O a lo mejor no… no se cumplen, digo.

Vienen todas estas disquisiciones sobre las promesas a cuento por algo que ocurrió allá por mediados de noviembre de 1933. El ministro de Agricultura a la sazón, Cirilo del Río Rodríguez, hizo una gira oficial por pueblos de La Mancha, lo que no debe extrañarnos, si tenemos en cuenta que por estas tierras la vida es el vino, o el vino es la vida, depende de cómo se mire. Andaban entonces los ánimos revueltos entre los cosecheros y bodegueros, y no es raro, porque en un país que tenía y tiene tantas administraciones (local, provincial, autonómica, estatal) todos quieren su parte del león, es decir, su impuesto correspondiente, y el vino daba pie para ello. Y como los cosecheros y bodegueros de La Mancha estaban muy bien organizados, tenían suficientes medios para presionar a ministro de Agricultura correspondiente. Y así, este ministro Cirilo del Río Rodríguez, cuando estaba a punto de partir desde Alcázar de San Juan a Campo de Criptana, hizo su promesa a los productores de vino.

Hela aquí, tal y como la trasmitió la agencia de noticias Febus y tal y como se publicó en el periódico El Sol, año XVII, núm. 5.074, del miércoles 15 de noviembre de 1933.

Los problemas del vino

ALCÁZAR 13 (11 n.).- El ministro de Agricultura, antes de partir de Alcázar para Criptana, conversó brevemente con los periodistas respecto de su actuación en el ministerio que regenta, y en especial en relación con los problemas del vino. Refiriéndose a las asambleas de la Federación cosechera de uva, dijo que, tan pronto se hallen en su poder las conclusiones por ellas aprobadas, les prestará todo su apoyo y recabará del ministro de Hacienda la supresión para los vinos de toda clase de impuestos municipales y provinciales.

Era Cirilo del Río Rodríguez ministro de Agricultura en el sexto gobierno de la Segunda República (09/10/1933-16/12/1933), que estaba presidido por Diego Martínez Barrio. Por cierto, cuatro días después de la publicación de esta nota en el periódico, el 19 de noviembre, hubo elecciones y fueron estas las primeras en las que hubo voto femenino. No sabemos si la promesa se cumplió o quedó, como quien dice, en agua de borrajas, aunque téngase en cuenta que el que escribe siente predilección especial por la borraja por encima de la acelga, la judía verde o la espinaca… y por ello el agua de borrajas no tiene nada de malo. Donde se ponga un plato de borraja, que se quite lo demás… también las promesas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO