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Hablando otra vez de molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Hablando otra vez de molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Vuelve a Criptana en el tiempo el que escribe después de esta corta ausencia y de estar por esos mundos de Dios, de aeropuerto en aeropuerto y de tren en tren. Y viene el que escribe, viajero también, para hablar de viajeros… o mejor dicho, para seguir hablando de viajeros, pues en viajes y viajeros dejamos la cosa en el último artículo que escribimos antes de este paréntesis. Más que de viajeros hablaremos hoy, como viajeros, de quienes hablan de viajeros, en este caso, de H. Ramdsen, que en su libro Azorín: La Ruta de Don Quijote, Manchester University Press 1966, nos va guiando por los pasos de don José Martínez Ruiz en su ruta del Quijote de 1905. Dos lugares de Campo de Criptana aparecen con profusión en el relato azoriniano: Los molinos de viento y el santuario del Cristo de Villajos, pues éste fue el destino de la excursión que los que él llamo «sanchos de Criptana» le organizaron un día de marzo de 1905. Y allí, lo recordamos, don Bernardo Gómez, músico y boticario criptanense, interpretó al harmonium su aún inédito himno a Cervantes, auténtica primicia dedicada en exclusiva a los oídos de Azorín que, por cierto, mucha atención no le prestó.

En el santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

En el santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Precisamente al Cristo de Villajos dedica Ramsden algunas palabras en su libro (pág. 90):

El Cristo de Villajos. The hermitage of Villajos, visited by Azorín in the following chapter, lies about three miles to the N.N.W. of Campo de Criptana. Like so many places of pilgrimage in Spain… the now isolated sanctuary stands on the site of a long-since-abandoned medieval village and is the direct descendant of the village church, «siendo muy visitada la ermita durante los viernes de Cuaresma» (José Antonio Sánchez Manjavacas, Campo de Criptana en la edad de oro, Campo de Criptana, 1961. Note 13).

Y ahora lo traducimos lo que está escrito en inglés:

La ermita de Villajos, visitada por Azorín en el capítulo siguiente, está situada a unas tres millas al noroeste de Campo de Criptana. Como tantos lugares de peregrinación en España… el ahora aislado santuario se encuentra en el lugar de un pueblo medieval ya hace mucho abandonado, y es descendiente directo de la iglesia del pueblo….

Y a continuación completa con una cita tomada del escrito de José Antonio Sánchez Manjavacas.

Y la campana de la iglesia: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Y la campana de la iglesia: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Y sigue Ramdsen hacia Campo de Criptana, y del pueblo habla (aunque poco) en la pág. 131:

The next town described is Campo de Criptana: in 1575 it was apparently a go-ahead place if one can judge from the novedad estupenda of its windmills, máquinas inauditas, maravillosas…, but in 1905 it is plunged in darkness, time ticks on, the church bell rings, and the windmills turn monotonously…

Y ahora, como es de rigor, lo traducimos al inglés:

La siguiente ciudad descrita es Campo de Criptana: En 1575 era un lugar emprendedor, como se puede juzgar por la «novedad estupenda» de sus molinos, «máquinas inauditas, maravillosas…», pero en 1905 está sumida en la oscuridad, el tiempo pasa, la campana de la iglesia toca, y los molinos giran monótonamente…

El conjunto: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

El conjunto: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Hasta aquí el testimonio de Ramsden. Dirá el lector, y con razón, que cuando al que escribe le da por un tema, sigue, y sigue con él. Esto nos está ocurriendo en los últimos días, en que hemos retomado aquellas crónicas de viajeros y de viajes en La Mancha que tan abandonadas teníamos desde hacía tiempo. Porque, seamos sinceros, quienes han venido a lo largo del tiempo a Campo de Criptana lo han hecho por el extraordinario significado que tiene para el universo cervantino, para todos aquellos que han leído el Quijote y que se echan al camino en su búsqueda. Quienes han venido a Criptana, y la gran mayoría de los que siguen viniendo, lo hacen para asombrarse ante la vista de sus molinos, aunque solo sea por sentirse por un momento quijotes. Quienes han venido a Criptana a lo mejor hacían una ruta cervantina, «una», digo, no la ruta, porque, como he insistido tantas veces, la ruta del Quijote no es un camino real, sino iniciático que cada uno se hace a su medida, como corresponde a un ideal literario. Que nadie se engañe. Lo que tiene Campo de Criptana y no tiene nadie en el mundo es su lugar en la ficción cervantina. Y eso es lo que siempre ha atraído a los viajeros… lo demás sobra, todo aquello que se quiera inventar (casi siempre con desesperante falta de imaginación)… todo eso sobra.. El Quijote, el Quijote… y sus molinos de Criptana. Y nada más. Dirigir los rumbos hacia otras aventuras es marrar el tino.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO