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Criptana desde la lejanía: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Criptana desde la lejanía: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Hubo una vez un viajero, francés nacionalizado norteamericano, de nombre Augusto Floriano Jaccaci (1857-1930), que recorrió estas tierras manchegas en busca de la huella de don Quijote allá por finales del siglo XIX. De él ya hemos hablado en otras ocasiones y siempre nos han sorprendido sus impresiones, tan vivas, tan expresivas, de lo que él encontró entonces, una tierra que por todos sus poros respiraba la novela cervantina (véanse: Viajeros en Campo de Criptana: El escritor americano Augusto Floriano Jaccaci y los molinos de viento, 1890Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci y el aguador, 1890Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci, el paisaje y el pueblo, 1890Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci, 1890-1901. Apostillas varias sobre Don Quijote, los molinos de viento y el paisaje manchego; y Posadas de Campo de Criptana: El testimonio de Augusto Floriano Jaccaci, 1890). Quedó todo recogido en su libro titulado On the Trail of Don Quixote, Being a Record of Rambles in the Ancient Province of La Mancha, Nueva York 1896, con ilustraciones de Daniel Urrabieta Vierge. Manejaremos aquí la versión francesa: Au Pays de Don Quichotte (París, Hachette: 1901). Recordamos que hay también una traducción española, que hizo Ramón Jaén: El Camino de Don Quijote (por tierras de La Mancha, Madrid 1915.

Por supuesto está muy presente Campo de Criptana en este libro, aunque lo buscará el lector tal topónimo en él en vano, porque, así, «Campo de Criptana», no lo encontrará. Se le escapó al viajero uno de esos malhadados deslices, uno de esos traicioneros errores, que son, sin duda, el auténtico quebradero de cabeza de todo aquel que escribe algo y se atreve a publicarlo. Se esconden entre las palabras, entre las letras, entre las líneas, en cualquier lugar pueden encontrar acomodo… esas malditas erratas, unas veces más llamativas y otras menos. Pero aquí es extraordinariamente llamativa tal errata, pues, en lugar de Criptana, encontrará en este libro el lector siempre «Crijitano», deformación que, sin duda, viene del momento en que el viajero anduvo por estas tierras y su oído le traicionó.

Por el camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Por el camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Vino Jaccaci a Campo de Criptana desde Alcázar, y vino, quién sabe, quizá por el Camino de los
Siete Molinos. No nos engañemos, es de esos caminos desde donde mejor se vislumbra toda la magnificencia de los molinos de Campo de Criptana, todos bien repartidos en la cresta de la sierra, como colocados por casualidad pero con atino, como bien dispuestos en su orden oculto a la razón humana. Así los descubrió Jaccaci, «lorsque nous décuvrimes les moulins à vent de Crijitano», nos dice él mismo (pág. 145). La emoción entonces surge en el viajero, porque reencuentra la leyenda quijotesca. Dijeron otros viajeros que antes hubo que fueron estos molinos de Criptana aquellos contra los que lucho don Quijote. Jaccaci va más allá: Contra uno de ellos luchó don Quijote, casi se podría decir cual… pues tanto se fusionan realidad y ficción en estas tierras, «Un d’entre eux, dit-on, est celui que Don Quichotte combattit dans sa célèbre aventure» (pág. 145). Uno de estos molinos de Criptana…  Y viene ahora la cuestión: ¿Estaba tan loco Don Quijote como para confundirlos con gigantes, o es que el paisaje se prestaba a ello? Es esto último para Jaccaci la explicación de tan loca visión  (págs. 145-146):

Après tout, le pauvre Don Quichotte ne paraît pas si fou à celui qui aperçoit pour la première fois cette rangée de moulins jetés irrégulièrement sur la crête d’une colline. Ils ne ressemblent à rien qu’on connaisse, plutôt à une collection de jouets fantasques et primitifs, plantés là par le caprice d’un lunatique. Plus on approche et plus on les regarde une par une, plus ces lourdes machines, étayées comme de très vieilles gens, paraissent fantastiques. Rien d’étonnant que le digne chevalier les prît pour des géants.

Los molinos... allá en la lejanía: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Los molinos… allá en la lejanía: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Y he aquí mi traducción:

Después de todo, el pobre don Quijote no parece tan loco para quien contempla por primera vez esta fila de molinos arrojados irregularmente sobre la cresta de una colina. No se parecen a nada conocido, más bien a una colección de juguetes raros y primitivos, colocados allí por el capricho de un lunático. Cuanto más se aproxima y más se les mira, una a una, estas pesadas máquinas apuntaladas como personas muy ancianas, parecen fantásticas. Nada de extraño que el digno caballero los tomara por gigantes.

Ésta fue, pues, la primera vez del viajero, la primera vez que Jacacci vio los molinos de viento. Esta primera vez del viajero es inolvidable e irrepetible, como ver una película por primera vez y no ser capaz de imaginar cuál será el final.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO