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Otra vez al camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Otra vez al camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Volvemos hoy a echarnos a los caminos manchegos en busca de las huellas de Don Quijote, a lo mejor también de sus aventuras, y también de sus gracias y desgracias, que de todo hay. Es la novela Don Quijote como la vida misma, reflejo fiel, de cordura y locura, de bien y mal, de gracia y desgracia. A lo mejor eso explica su profunda y arraigada influencia en quien la lee. Tanto subyuga, que hay quien la lee y se echa al camino a recrear el itinerario quijotesco como si de una peregrinación se tratara. Sabrá de sobra el lector por lo leído en este blog que para quien esto escribe la “Ruta del Quijote” es una utopía inalcanzable, concepto abstracto irrealizable. Sabrá de sobra el lector que siga este blog que, yo lo creo así, cada uno tiene que crear su propia ruta del Quijote a base de sus lecturas, a base de sus vivencias, a base de sus anhelos. De nada valen aquí los intentos oficiales por crear rutas del Quijote que no llevan a ningún sitio y que están más diseñadas por intereses políticos que por intereses literarios y culturales. En un tiempo en que todo lo que tiene que ver con el Quijote y Cervantes está ya en exceso explotado, y muy mal, por cierto, en detrimento, como casi siempre, de la cultura, en favor, como siempre, de sucedáneos totalmente prescindibles de un supuesto paraguas “cervantino” en el que, en teoría, cabe todo, aunque nada tenga que ver con el tema… en este tiempo, supongo, hay que volver a la esencia, a la novela misma, dejando a un lado todo lo demás y sobre todo las fantasías de quienes nos venden presuntos y ambiciosos programas centenarios cervantinos (que poco tienen de cervantino) con poca imaginación y menos calidad.

En busca de los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En busca de los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Después de este proemio, necesario en estas circunstancias, conviene que vayamos ya al tema que nos ocupa hoy que no es sino una “ruta del Quijote”, una, así, indefinida, no digo “la”, por las razones aducidas. Más bien que ruta es una excursión que, a modo de cuaderno de bitácora se nos cuenta en un bien ilustrado artículo titulado “Topografía cervantina. Rápida excursión por los puntos que habitó Cervantes y recorrió Don Quijote” que se publicó en las págs. 545-554 de la revista barcelonesa Hojas selectas. Revista para todos, de la Biblioteca Salvat, año IV (1905). Está firmado por el pseudónimo “Alfeñique”.

Recorre el excursionista todos pueblos y paisajes emblemáticos del universo cervantino y quijotesco en La Mancha, pero aquí nos interesa su paso por Campo de Criptana. Lo encontramos en las págs. 552-553 y, tratándose de Criptana, no es extraño que los molinos de viento acaparen todo el protagonismo, en este caso de la mano del testimonio del viajero e hispanista inglés Richard Ford (1796-1858) y sus viajes por España. Puesto que es largo el material dedicado a Criptana, lo dividimos en dos partes, de una de las cuales nos ocuparemos hoy, y de la otra mañana. He aquí, pues, lo correspondiente al artículo de hoy:

El molino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

El molino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Por allí, por las afueras de Campo de Criptana, mueven sus aspas todavía los molinos de viento que á Don Quijote le parecieron gigantes. En  aquella época, y si hemos de dar crédito á la Guía del viajero por España, escrita en inglés por Ricardo Ford, eran los molinos de viento una novedad reciente entre los labriegos de la Mancha, pues no databa más allá de un cuarto de siglo la fecha de su instalación como precioso auxiliar de la agricultura. La nueva máquina era entonces una verdadera maravilla del ingenio humano, y atendiendo á esta circunstancia, no cae fuera de verosimilitud que el alucinado aventurero los tomara por gigantes, pues tales pudieron parecerle desde lejos á quien jamás los hubiera visto, por muy cuerdo que fuese.

Hasta aquí el testimonio de Richard Ford respecto a los molinos de viento criptanenses, y manchegos en general, con la consabida explicación racional de las razones por las que tan fácilmente Don Quijote pudo verse arrastrado involuntariamente a una aventura loca, loca. No olvidemos, sin embargo, que, como buen personaje de ficción, no necesita el comportamiento de Don Quijote una explicación racional; basta con asumir la historia tal como se cuenta. Continúa la revista describiendo los molinos de viento manchegos y su mecanismo, pero esto es asunto del artículo de mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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