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Molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Retomamos la cuestión molinera de hoy justo donde lo dejábamos ayer (véase: Una “ruta del Quijote”, los molinos de viento y los viajes de Richard Ford, Campo de Criptana 1905). Recordamos que una vez más seguíamos los pasos de otra “ruta del Quijote”, otra más, pues, como siempre decimos, no hay solo una ruta del Quijote, ni hay una ruta canónica, sino tantas como quiera el viajero, tantas como imagine el lector. En este caso, la pauta nos la ofrecía el artículo firmado por “Alfeñique” que con el título “Topografía cervantina. Rápida excursión por los puntos que habitó Cervantes y recorrió Don Quijote” se publicó en la revista barcelonesa Hojas selectas. Revista para todos, de la Biblioteca Salvat, año IV (1905), págs. 545-554. Paso a paso, evocación a evocación, pueblo a pueblo, va el corresponsal y viajero recorriendo lugares manchegos que recuerdan a Don Quijote y, como no podía ser de otra manera, también Campo de Criptana figura en este itinerario… con sus molinos. Lo encontramos en las páginas 552-553 del artículo.

Molino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Molino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Veíamos ayer la sorpresa del viajero ante el espectáculo de la sierra de los molinos de viento y la hipótesis y su dosis de racionalismo con la que el viajero Richard Ford quiso explicar la loca batalla de Don Quijote con los gigantes. Y toca ahora ver qué tienen estos molinos manchegos de particular, qué que los diferencia de otros, qué fantástico ingenio esconden tras sus muros. He aquí lo que se dice en la revista al respecto:

Aquellos molinos no son, ni por asomo, los artefactos que hoy con este nombre, y construídos según los adelantos de la industria, abundan en algunas comarcas para sacar el agua honda con las intermitencias el viento, que mueve el volante de paletillas. Los molinos de don Quijote estaban y están todavía formados por una torrecilla de tres pisos: en el superior, la muela, unida á las aspas, gira por la fuerza del viento y tritura el grano, que, convertido en harina, cae por ancho canalizo al depósito del piso intermedio, y en el inferior se almacenan los sacos de trigo que se llevan á la molienda.

La inmensa llanura: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

La inmensa llanura: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Al salir de Campo de Criptana, y cuando el excursionista se engolfa en la anchurosa llanura de su famoso vecindaje, no descubre la vista en lontananza ni un árbol, ni un huerto, ni un estanque; todo es tierra casi lisa, con ondulaciones suavísimas que parecen las inmóviles olas de un mar encantado.

Hoy aquel espectáculo cotidiano de la molienda, aquel acto necesario para la vida del día a día, es una rareza que sólo se puede contemplar muy de vez en cuando. Pero, reconozcámoslo, cuando se contempla tal espectáculo no puede evitar el que escribe, ni el viajero, ni el lector del Quijote, que un escalofrío recorra su piel, y que así, como por hechizo, la ficción se haga realidad, y la novela, vida.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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