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Tiene el término “fiador, -ora” un montón de significados en español. Once acepciones nos da para esta palabra el DRAE, algunas de ellas muy especializadas. Aquí nos interesa la que hace el número 2, que dice:

Persona que responde por otra de una obligación de pago, comprometiéndose a cumplirla si no lo hace quien la contrajo.

Era y es el fiador figura fundamental en las transacciones económicas y especialmente en préstamos e hipotecas, en todos aquellos casos en que se necesita un respaldo adicional para preservarse de posibles impagos. Y para encontrar un ejemplo de ello en Campo de Criptana retrocedemos en el tiempo, y nos vamos del año 1943 en que nos situábamos ayer, al de 1884, en el que nos pondremos hoy. Ayer hablábamos del tiempo, ese que siempre va adelante en un continuo transcurrir. Hoy el tiempo irá hacia atrás.

Encontramos esta referencia al “fiador” en los extractos de acuerdos tomados por el Ayuntamiento de Campo de Criptana en el mes de junio de 1884 (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 23 de julio de ese año), en particular en la sesión ordinaria del día 9. En el último punto:

Se admitieron como fiadores de Timoteo Manzaneque, Angel Utrilla y Francisco Lopez Casero à D. Ignacio Ortiz Quintanar, D. Juan Plaza Valera y D. Manuel Lopez Casero respectivamente, como rematantes aquellos de los arbitrios de pesos y medidas, degüello de reses en el matadero y puestos públicos en el ejercicio de 1884 á 85.

Responde lo dicho al procedimiento entonces usual en el Ayuntamiento de Campo de Criptana de arrendar a particulares el monopolio de tales actividades y el cobro de los impuestos que de ellas se obtuviesen a cambio de una cantidad fija resultado de una subasta pública. Así pues, tres rematantes, tres fiadores… por si acaso. En esto de los impuestos, no es bueno dejar cabos sueltos. No siempre fue el mundo de los rematantes de arbitrios de pesos y medidas una balsa de aceite en el Campo de Criptana de aquel tiempo. Hubo casos de quienes ganaron la subasta pero no fueron capaces de sacar un rendimiento y cayeron en la ruina… hubo quienes se arrepintieron de quedarse con tales arbitrios y los quisieron devolver al Ayuntamiento. Hubo un poco de todo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

 

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