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Cristo de Villajos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2004)

Cristo de Villajos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2004)

Hubo también aquel día traslado del Cristo de Villajos a Campo de Criptana. No fue un día de agosto, ni de principios, ni de finales. Fue un día viernes 17 de septiembre 1666, un anochecer, un atardecer de aquellos tiempos, noche próxima de vela y candil, noche de luna ya menos llena, porque llena del todo lo había sido el lunes 13. Luna ya poco a poco menguante, aquel 17 de septiembre, viernes de hace ya casi trescientos cincuenta años… que se dice pronto. “Entrò en la villa [el Cristo de Villajos] Viernes 17. de Septiembre al anochecer”, o al atardecer, a media luz, casi como hoy, tantos y tantos años después. Eso nos dice el capellán Félix Ortiz Muñoz en la dedicatoria que en su obra publicada en Alcalá de Henares (1667) titulada Sermón en la solemnísima octava que a la traslacion del Santo Christo que llaman de Villaxos, consagro la noble villa del Campo de Critana, este año de 1666, hace a “Don Gregorio Vaillo de la Beldad, Abogado de los Reales Consejos, Ministro de la Santa Inquisicion, con el oficio de Abogado, y Alcalde Ordinario por el Estado de los hijosdalgo de la Villa del Campo de Crytana”.

Ya no es Campo de Criptana el mismo, ni es el mismo el santuario del Cristo de Villajos, ni el camino que de Criptana a él va, o el que de él viene a Criptana, que es el mismo, depende desde dónde se mire, porque en esto de la dirección del camino todo depende del punto de vista de cada uno. Muchos atardeceres y muchos amaneceres han pasado, y muchas lunas, y muchos veranos y muchas primaveras, pero la consuetudo permanece viva, en el fondo. Llegó el Cristo a la villa. Nos lo dice Félix Ortiz en el mismo lugar citado, y así nos cuenta:

En lo que mas lucio alli la deuocion, fue en las hachas, que de los ca(n)celes obscuros de la noche hizieron raxas para que no faltassen luminarias en el festejo. Cada blandon era vn Gerogliphico del zelo por lo ardiente, y lo derretido. De la cera hizo el merito alas para volar al cielo sin los riesgos de Icaro, pues aqui estaua prompto el buelo, quando ella mas derretida.

El santuario: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

El santuario: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

La noche oscura, las velas, la cera e Ícaro… y el capellán Ortiz sigue desplegando sus conocimientos de cultura clásica y de mitología para ilustrar aquel episodio que aquel año de 1666 fue único, y que ha sido único en la historia, aunque la memoria lo haya olvidado.

Fue noche oscura, pero iluminada. Las luces, es decir, las velas, acompañaron al Cristo de Villajos en su entrada a Campo de Criptana y en su procesión a la parroquia, tantas luces, que el capellán Ortiz nos dice:

Referir el numero de las luzes, es querer contarle al cielo las estrellas, que entonçes de ociosas se retiraron, estando en ellas lo vergonçoso, porque en los blandones brillaua lo corrido. Ellas solas se hizieron en aquella ocasion noche, porque ofuscadas con tanta claridad, no pudiero(n) luzir, ni parecer, porque en lo demas la noche parecio dia.

Y hubo también fuegos artificiales, “inuenciones de poluora” en palabras del capellán Ortiz, hubo

… muchas, y buenas, pero siendo tantos los fuegos, aun era mayor el de la deuocion que en tan numeroso concurso ardia.

Fue una noche, noche oscura, noche ya de finales de verano… y entonces, aquel viernes, 17 de septiembre de 1666, el Cristo de Villajos llegó a Campo de Criptana. Así nos lo cuenta el capellán Ortiz, y así fue hace ya casi trescientos cincuenta años. Las cosas, en el fondo, no cambian tanto; cambian los detalles, porque ese cielo que se cierra sobre la tierra, esa luna que mira, esa oscuridad que inunda los campos… ésos son los mismos que entonces, pues para ellos el tiempo no pasa.

Para más detalles remito a los artículos:

Criptanenses ilustres: El licenciado Félix Ortiz Muñoz (siglo XVII)

Noticias para la historia del santuario del Cristo de Villajos (1667) (I)

Noticias para la historia del santuario del Cristo de Villajos (1667) (II)

Noticias para la historia del santuario del Cristo de Villajos (1667) (III)

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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