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Traíamos ayer a la memoria la traslación del Cristo de Villajos desde su santuario hasta la villa de Campo de Criptana un ya lejano 17 de septiembre, viernes, de 1666. Con todo detalle nos lo contó, con su adecuado aderezo de cultura clásica, el licenciado Félix Ortiz Muñoz en su librito titulado Sermon en la solemnissima octava que a la traslacion del Santo Christo que llaman de Villaxos consagro la noble villa del Campo de Critana, este año de 1666, predicado por el Lic. D. Felix Ortiz Muñoz…, impreso en Alcalá de Henares en el año 1667. Bueno será que sigamos ocupándonos de él y completemos así lo ya dicho en otras ocasiones lo que, a pesar de ser ya extenso, aún no ha agotado la materia.

Villaxos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)No piense el lector que todo el librito contiene materia histórica sobre el santuario de Villajos, ni sobre la imagen de de su Cristo, ni sobre la composición de su iglesia y ermita. Tiene el lector que ir a las primeras páginas del librito donde hallará la dedicatoria a aquel a quien va dirigida la obra: “A don Gregorio Vaillo de la Beldad, Abogado de los Reales Consejos, Ministro de la Santa Inquisición, con el oficio de Abogado, y Alcalde Ordinario por el Estado de los hijosdalgo de la Villa del Campo de Crytana”.

El arroyo de San Marcos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

El arroyo de San Marcos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Vayamos a su comienzo, y veamos qué se nos dice sobre el lugar de Villajos, “Villaxos” en la grafía de aquel tiempo:

En el sitio en que estuuo fundado antiguamente el lugar de Villaxos (Iurisdicion oy  de essa villa del campo de Crytana, de quien dista media legua) solame(n)te auia quedado vna Hermita de S. Marcos sita en la parte, do(n)de huuo vn tiempo Parrochial Iglesia, como se conocio no solo en los vestigios, y ruinas del antiguo edificio, sino en vn cementerio, adonde en diuersas ocasiones se han hallado sepulcros de humanos cadaueres.

Y ya en éstas, nos trae a la memoria este pequeño texto y su referencia a San Marcos aquel arroyo que no siempre es arroyo, sino cauce seco las más de las veces, cauce castigado por cruces de caminos y carreteras, línea verdeante a pesar de la sequía, que nace en el paraje de la Huerta de Treviño y va a parar, después de recorrer poco más de cuatro kilómetros y medio en dirección noroeste, a la Laguna de Salicor. Nace más o menos el arroyo en un lugar situado a 715 metros sobre el nivel del mar; muere, como se ha dicho, en la Laguna de Salicor, en el extenso valle del paraje de Los Espartines, más o menos a 680 metros sobre el nivel del mar. Queda de aquel santo Marcos recuerdo de devoción aún no del todo perdida, una antigua fiesta en el santuario, de una vieja romería ya caída en el olvido; queda aún este arroyo con su nombre. Todo tiene una razón de ser y la historia siempre nos la desvela.

Huerta de Treviño: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Huerta de Treviño: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hoy el arroyo de San Marcos está seco; es sólo un cauce que parece muerto. No lo creas, lector. Eso parece… que está muerto. Pero no lo está. Unas pocas lluvias, algo más de humedad, y la vida inundará sus orillas, y rebosará en aguas cristalinas, en aguas danzarinas, en aguas cantarinas. Y el estrepitoso croar de las ranas volverá algún día, como en otras ocasiones, a romper el silencio milenario de aquel lugar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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