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De nuevo, como otras veces hemos hecho, viajamos en el tiempo, y de 1967, año en el que nos situábamos ayer, retrocedemos hoy, y retrocedemos mucho. ¿Quizá un siglo? Es decir, a 1867. No, algo más, retrocedemos algo más… y nos situamos en 1852 para adentrarnos en alguna de las pequeñas historias del clero criptanense de aquel tiempo. Recordemos antes de entrar en materia, algo de lo dicho sobre la situación de la que entonces llamábamos Ecclesia Criptanensis, a partir del testimonio de Pascual Madoz en el artículo “Campo de Criptana” de su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, tomo V, 1849, pág. 371. Nos dice Madoz que en 1849 la parroquia de Campo de Criptana, que tenía el título de “Nuestra Señora de la Asunción”, como hoy, estaba atendida por el párroco, dos tenientes, veintitrés presbíteros, un subdiácono y más personal que no se especifica (véase: “Ecclesia Criptanensis”: El párroco, los presbíteros y el sacristán, Campo de Criptana, 1878).

Completemos hoy estos datos a partir de otra fuente, en este caso para el año 1852. Es el periódico diario La Voz de El Católico, “periódico científico y literario”, que se publicaba en Madrid. Tomamos el número del lunes 24 de mayo de 1852, y nos situamos en el contexto de la época. La desamortización había dejado a las iglesias españolas en situación de bancarrota y de extrema necesidad que en última instancia era sufrida por su clero, pues no siempre llegaban puntualmente, o no llegaban, los sueldos procedentes de la administración pública. Tan desesperada llegó a ser la situación que, como recordamos, hacia 1875 el párroco criptanense Agustín Blasco Hernández se vio obligado a vender su colección de monedas antiguas para poder subsistir (véase: Un párroco erudito y polígrafo en Campo de Criptana: Agustín Blasco, † 1883). Para auxiliar al clero en situaciones como ésta se había creado la Sociedad General de Socorros mutuos del clero. Sobre su estado en 1852, precisamente, nos proporciona un amplio panorama el número del periódico citado. Veamos qué lugar ocupa Campo de Criptana en el estado general de esta sociedad benéfica.

Tal sociedad estaba compuesta por comisiones, que generalmente se identificaban con localidades. Así, tenían sus comisiones, por ejemplo, Aranda de Duero, Ávila, Alicante, Alcoy, Albarracín… y también tenía su propia comisión Campo de Criptana. A continuación se da en el periódico el número de socios de cada comisión. Para la de Campo de Criptana eran 50, muchos teniendo en cuenta que, por ejemplo para Ávila eran 52, para La Coruña 64, o para Cádiz 63. Se añade el número de acciones que poseía cada comisión. Para Campo de Criptana se da la cifra de 131 acciones, muy pocas, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, la de Ávila, con 52 socios, tenía 233 acciones.

En un cuadro adjunto se da el presupuesto general anual para cada comisión, es decir, “las cantidades que se necesitan para cubrir las atenciones de la Sociedad por un cálculo aproximado, y según los presupuestos formados por cada una de las comisiones. Aquí, el presupuesto de la comisión de Campo de Criptana se queda muy corto, pues sólo es de 1.000 reales de vellón, mientras que la de Ávila, con casi igual número de socios, era de 3.116 reales. En último lugar, se da el estado de la tesorería de cada comisión en aquel momento. La comisión de Campo de Criptana aparece entre las más saneadas en relación con otras de su mismo tamaño, pues tenía un fondo de 5.389 reales de vellón con 30 maravedíes. La de Ávila, por ofrecer un punto de comparación de una comisión más o menos similar en tamaño, era de 3.888 reales de vellón con 28 maravedíes.

Estos datos nos pueden proporcionar una idea muy clara de la importancia que todavía la iglesia criptanense tenía en aquel año de 1852, a pesar de los daños que había acarreado la desamortización.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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