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Nos da el DRAE varias acepciones para el término “somatén”, término de origen catalán. Quedémonos de las 5 acepciones con la primera, que, según este diccionario, dice:

Milicia ciudadana organizada antiguamente para colaborar en la seguridad en los pueblos, generalmente en Cataluña.

Y con el mismo término, “somatén”, se designa también a los miembros de esta milicia.

Sin embargo, en los años en los que nos quedamos hoy, los locos años veinte, los felices veinte, los desenfrenados veinte, tiempos en los que el Teatro Cervantes criptanense disfrutaba de febril actividad y los criptanense tenían a un tres por dos compañías nacionales de teatro, de variétés, de cupletistas que ofrecían allí sus excelencias… en aquellos años, la institución del somatén estaba extendida por toda España, no solo por Cataluña. Incluso había un periódico mensual que tenía el mismo nombre, El Somatén, que se autotitulaba “Boletín Oficial de los somatenes de la 1ª región”. Tomamos uno de sus números, el 61, correspondiente a noviembre de 1925, porque en él, en una de sus páginas, encontramos una noticia que tiene que ver con Campo de Criptana… y con sus quincalleros… y con una revuelta… o quizá una revolución (vaya usted a saber)… “la revolución de los quincalleros”. Llegaron unos quincalleros de Campo de Criptana a Villafranca de los Caballeros, y se armó la de San Quintín, que es como decir que se armó la gorda, que viene a ser lo mismo que hubo trifulca desenfrenada. E intervinieron los somatenes… No hagamos más exégesis del hecho y dejemos hablar a la publicación, en cuya nota se dice lo siguiente:

A requerimiento de la Autoridad, el Cabo de distrito de Villafranca de los Caballeros, D. Cándido García Patiño, y los afiliados D. Nicolás de Lara Contreras, D. Agapito Yébenes, D. Juan Estrada González y D. Rafael García Juárez, intervinieron en un tumulto ocurrido entre el vecindario y unos quincalleros de Campo de Criptana (Ciudad Real). Los somatenes lograron imponer el orden y detuvieron a los quincalleros, a los que se les ocuparon varias navajas.

Nos habría gusto mucho saber quiénes eran esos quincalleros y por qué se originó tal tumulto. Con el DRAE comenzábamos este artículo y con el DRAE acabamos, en particular con el término “quincalla”, término sonoro y cantarín, término que suena a caja de panderetas, término que suena a metal movido por el viento, término de resonancias agudas e interminables… “quincalla” y “quincallería”. La “quincalla”, es, según el DRAE, el:

Conjunto de objetos de metal, generalmente de escaso valor, como tijeras, dedales, imitaciones de joyas, et .

Por cierto, todos los somatenes estaban obligados a suscribirse a la revista El Somatén. El número suelto salía a 50 céntimos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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