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Nos ofrece la prensa de hoy, como nos ha ofrecido la prensa de otros tiempos, versiones de hechos y no informaciones de hechos, por mucho que se insista en la veracidad de tal o cual medio, y no solo la prensa, sino también la televisión y la radio. Todo depende del hecho en sí mismo, de quién lo cuente, de cuándo lo cuente y de las circunstancias en las que lo cuente para que la información tenga un valor o tenga otro o tenga muchos, o prevalezca al valor de la información o prevalezca el interés por obtener réditos, o por influir en los acontecimientos, pero… reconozcámoslo, pocas veces una información es de fiar por si misma si no se confronta con otras versiones, porque, a veces, parece que un mismo hecho tiene muchas posibles lecturas según quién lo cuente.

Allá por finales de abril de 1930 hacía poco tiempo que había fallecido el general Miguel Primo de Rivera. Y precisamente por aquellos días él, o mejor dicho, un retrato suyo, sería protagonista accidental de un hecho que sucedió ¿o no sucedió? en el Ayuntamiento de Campo de Criptana. Fuera como fuese, lo cierto es que andaban los ánimos muy revueltos por aquellos tiempos, y un suceso como aquel de Campo de Criptana no tenía por qué extrañar a nadie teniendo en cuenta la tensa situación política que se vivía en España.

Y por ello, no extrañó en la redacción del periódico, diario de la noche, La Nación, la noticia que les llegó. Se publicó en el número 1.419 correspondiente al año VI, del miércoles 30 de abril de 1930 y su título era “Un romperretratos… ¡a la escuela!”. Veamos qué nos dice sobre el retrato de Miguel Primo de Rivera:

En el Ayuntamiento de Campo de Criptana ha ocurrido un hecho que merece conocerse y divulgarse.

Al tomar posesión de su cargo el nuevo teniente de alcalde D. José Gregorio Casarrubios, “cogió (así se nos dice textualmente) un retrato que había en el salón de sesiones del inolvidable D. Miguel Primo de Rivera, y después de romperlo a presencia del Ayuntamiento, lo pisoteó, profiriendo las blasfemias y frases más groseras que han podido pronunciarse contra el ser más vil del universo”.

Si el hecho, que nos denuncia persona responsable, es cierto, el individuo en cuestión resulta, en primer término, un impulsivo peligroso para la sociedad, y después, todo lo teniente de alcalde que quiera. La cobardía no halla justificaciones en la vesania o en la malvada odiosidad de la abyección.

El hecho es ejemplar, y nosotros lo publicamos, por su se estima que el autor de esta botaratada pase del Ayuntamiento a la escuela primaria para que le enseñen urbanidad y rudimentos de ciudadanía.

Puede comprobar el lector que los ánimos andaban muy soliviantados, no ya por los sucesos de Campo de Criptana, sino también por la reacción de la redacción del periódico. Puede ocurrir, sin embargo, que las informaciones que se publican no siempre hayan sido debidamente contrastadas, y cabe la posibilidad de que un suceso acabe inflamado en exageraciones, o que un rumor inocente acabe en rumor dañino, o que el eco insignificante de una anécdota se convierta en casus belli. ¿Fue cierto o no lo que se nos cuenta sobre el incidente del romperretratos? Puede que sí, puedo que no. Para este periódico aquel suceso fue un incidente a lamentar, para otros, no muy afines a Primo de Rivera, puede que fuera una heroicidad.

Mañana veremos el desenlace, pero, por favor, lector, te lo ruego, no juzgues el hecho sólo por lo que te hemos contado hoy. Habrá sorpresas, y lo contaremos en el artículo de mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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