Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Allá por 1932, hubo un alcalde en Campo de Criptana que era muy dado a reprimir con multas acontecimientos religiosos que formaban parte de la cultura y de la tradición, del ciclo anual, de la localidad, tan, tan enraizados en la población, que la represión no hacía sino alentarlas, sino alimentarlas, sino darles más fuerza… como es lógico y de esperar.

Con el santuario al fondo: Acuarela de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Con el santuario al fondo: Acuarela de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Creyó el alcalde criptanense de 1932 que con unas multas podría acabar con un acontecimiento anual tan importante para la localidad como el traslado de la Virgen de Criptana desde la parroquia hasta su santuario, sin darse cuenta de que tal ceremonia era algo más, mucho más, que una simple manifestación religiosa. No consiguió, por fortuna, acabar con ella (véanse: Cien multas por vitorear a la Virgen de Criptana, 1932; y Más multas por vitorear a la Virgen de Criptana, Campo de Criptana, 1932).

No cejó el empeño de aquel alcalde, cuyo nombre dejaremos descubrir a la hemeroteca, en su persecución religiosa, y no quedó todo en las multas para la procesión de la Virgen de Criptana. También la tomó con la entonces aldea criptanense Arenales de la Moscarda, y también quiso socavar de raíz allí todo sentimiento religioso. Y, como veremos, no lo consiguió.

En Arenales: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En Arenales: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Nos vamos para ver qué pasó al periódico, diario de la noche, La Nación, año VIII, núm. 2058, del martes 17 de mayo de 1932, en particular al artículo titulado “El alcalde de Campo de Criptana impone una multa al cura de Arenales porque el pueblo saca en procesión la imagen de su santo Patrón”. Veamos qué dice la noticia:

Nos comunican de Arenales, pueblecito de la provincia de Ciudad Real, compuesto de 200 habitantes y enclavado en la jurisdicción del alcalde de Campo de Criptana, que dicho alcalde, en oficio que dirigió al cura párroco, prohibió la procesión que anualmente celebra dicho pueblo en honor de su patrón San Gregorio.

El citado oficio fué colocado en la puerta de la iglesia para conocimiento de los fieles.

El vecindario no se conformó con la tiránica orden del alcalde de Campo de Criptana, que además de tirano se llama Antíoco, y hace públicas manifestaciones de protestante, teniendo que intervenir el párroco, quien calmó los ánimos y aplazó la procesión hasta la tarde, en tanto trataba de conseguir la revocación de la orden.

No fue esto conseguido, y el cura párroco comunicó al vecindario el fracaso de sus gestiones.

Y aquí lo dejamos por hoy, terminando esta primera parte de la historia según La Nación. Mañana seguiremos desvelando más detalles de esta historia y veremos qué hizo el pueblo de Arenales ante tal circunstancia… pues hizo lo esperado, es decir, hizo su procesión, como correspondía. Pero esto es tema para mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

Anuncios