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El Santuario: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

El Santuario: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Parecerá el artículo de hoy un déjà vu al lector, que la historia es la misma que contábamos en otra ocasión. Pensará el lector, quizá, que el que escribe ha incurrido en un error, que ha vuelto a publicar un artículo ya publicado, que cómo tiene la cabeza este hombre para cometer estos despistes. Pues no, lector. Prohibió el alcalde de Campo de Criptana la procesión de traslado de la Virgen de Criptana desde la parroquia criptanense a su santuario en 1932, y la historia se repitió en 1933, porque el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero algunos tropiezan más, y vuelven a tropezar incansablemente, una y otra vez. Y volvió el Ayuntamiento criptanense a prohibir, en aquel año de 1933, una procesión en la localidad sin tener en cuenta las consecuencias.

Encontramos la noticia, de nuevo, en el periódico La Nación, diario de la noche, año IX, núm. 2.284, del martes 18 de abril de 1933. Su título es “El pueblo de Campo de Criptana protesta por la negativa del alcalde a permitir la salida de la Patrona en procesión”, y dice así:

ALCAZAR DE SAN JUAN.- Ayer en Campo de Criptana, se celebró la romería de la Patrona de la ermita, situada a dos kilómetros de la población. Concurrieron miles de fieles. Ante la negativa del alcalde accidental a conceder el permiso para la procesión de la Virgen, surgió propósito de hacerla sin dicho requisito. Visto el cariz que tomaba el asunto, se concentró fuerza de la Guardia Civil. El gobernador civil indicó que soliciten la autorización debidamente, esperando poder complacer el deseo de los millares de devotos de la Patrona.

Hacia el santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Hacia el santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En 1932 la prohibición había afectado al traslado de la Virgen de Criptana desde la localidad al santuario. En 1933 afectó a la romería misma, a ese lunes de Pascua en que el caminillo de la Virgen rebosa de gentío, en que las laderas del cerro se pueblan de romeros, en que en la explanada del santuario parece no caber un alfiler de tanta gente como suele haber. Día de romería, día de campo, si hace sol, día de comida o merienda, y si llueve… a lo mejor también, porque a los romeros quizá no les importa tanto que llueva o haga viento, o haga frío, que de todo puede ocurrir el lunes de Pascua, porque es día de clima traicionero y casquivano y nunca se puede saber por dónde nos va a salir.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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