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Volvemos a los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Volvemos a los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Ángel Dotor, con su artículo “El famoso lugar de los molinos”, publicado en la revista Algo, núm. 336, del 18 de enero de 1936, nos ha ido trayendo poco a poco en los últimos días bocaditos de historia criptanense. Era el aperitivo, porque todo ello no tenía otra función sino la de preparar al lector, la de que éste fuera ya barruntando lo que iba a venir. Y esto no era sino el Campo de Criptana cervantino. Porque si algo justifica el artículo de Ángel Dotor es, sin duda, la huella de Cervantes en Criptana, o, mejor dicho, la huella de don Quijote… o quizá, para ser más exactos, cómo una mítica lucha con molinos se hace realidad. A lo mejor ésta es una de las peculiaridades más llamativas del Quijote, que como pocas novelas, ha conseguido que ficción y realidad se confundan, y que la ficción se interprete como realidad y lo que es realidad en clave de ficción. “Contra estos molinos luchó Don Quijote”, he oído decir de vez en cuando, en referencia a los de Campo de Criptana.

Vayamos pues al plato principal del artículo de Ángel Dotor, y veamos qué nos dice sobre el Campo de Criptana cervantino:

Con estar el pasado de Criptana tan henchido de sugestiones históricas, éstas cautivan menos que ese otro aspecto tan peculiar, tan único de su vinculación cervantina. Criptana es, a este respecto, única; como únicos son Argamasilla, con su ergástula celebérrima; El Toboso, con su palacio de Dulcinea, y Ruidera, con su cueva de Montesinos y sus lagos de maravilla.

Los entusiastas que se asoman a Criptana como lugar altamente representativo de la “ruta del Quijote” comprueban que queda bien poco de los molinos de viento de que habla el Príncipe de los Ingenios, experimentando con ello decepción y sorpresa.

No ya los cuarenta y nueve que la tradición señala, ni aún los “treinta o cuarenta” de Cervantes, ni siquiera las dos docenas de ellos a que se refiere la popular canción, pues compruébase que sólo quedan en pie unos cuantos, y que de ellos únicamente el llamado “Ojo Azul” está en condiciones de desafiar la constancia destructora de los elementos, funcionando sólo á temporadas, lo que quiere decir que es el que tiene cuidado su dueño, ya que no por devoción a su significado, por interés utilitario.

Allá a lo lejos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Allá a lo lejos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Y, efectivamente ¿cuántos molinos se ven en la famosa fotografía, la misteriosa, la inédita, la arcana, de la que en los últimos días hemos hablado y a la que hemos hecho protagonista ausente de esta serie? Miremos bien. Se ve uno, allí, a la derecha de la iglesia, sobre la sierra… y otro más un poco más allá, dejando a la izquierda el rectángulo blanco de la ermita de la Paz, y otro más y otro más… tres molinos allí juntos, como una trinidad molinera. Allá, a lo lejos, a la izquierda de la ermita de la Paz parece vislumbrarse otro, o quizá más bien un molino que ya no es molino, sino ruinas. Y parece, aunque el que escribe no está seguro, que allá también a lo lejos, en el declive de la sierra hacia occidente, a la izquierda de la torre de la iglesia vieja, se ven otros dos, o quizá dos molinos en ruinas. No se sabe bien. Eso quedaba del esplendoroso pasado molinero en Campo de Criptana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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