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Tiene la migraña que cuando viene se queda por un tiempo, y que, además de traidora y casquivana, más o menos como el destino, es machacona como ella sola y hace que sienta uno tener en la cabeza como una caja llena de pájaros en incesante revoloteo sin orden ni concierto. Después de dos días sin publicar volvemos hoy a retomar la pluma, que se diría en otros tiempos, el word, decimos hoy.

La economía: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

La economía: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Seguimos con esta serie dedicada al artículo sobre Campo de Criptana publicada en el después… el antes fue el artículo de Ángel Dotor y Municio de 1936 al que dedicamos una jugosa serie. Recordamos los datos básicos sobre el artículo que nos da pie para el escrito de hoy, segunda parte de esta serie. Se publicó en la revista Y (Madrid), del 1 de agosto de 1940 (pág. 50).

Hacíamos ya un recorrido en los días anteriores por el breve bosquejo histórico criptanense que nos ofrecía ese artículo… demasiado bosquejo y poco histórico, a decir verdad, porque en pocas palabras despacha el autor veinte siglos de historia de Campo de Criptana y de fuese lo que fuese que hubo antes de Criptana por estas tierras… a lo mejor criptanenses de hace dos mil años en un anacronismo patente. Y anacronismos nos encontramos hoy en ese artículo de 1940, además de una breve reseña económica de la localidad que, en opinión del que escribe, no responde a la situación del Criptana de entonces, sino a la reflejada en alguna enciclopedia al uso de tiempos anteriores. Veamos, pues, qué se nos dice,

Sobre la economía:

Su término [de Campo de Criptana] produce cereales, vinos, aceite, almendra, regaliz y azafrán; cría de ganado mular y lanar; fábricas de aguardientes, paños, mantas, tejidos de lana y harinas. Comercio de importación de máquinas y abonos químicos. Estación en el ferrocarril de Madrid a Alicante.

La estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

La estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Y ya que sale a relucir el regaliz, digamos que la expresión más usual para denominar a ese producto citado, el regaliz, era “palillo”, pero también se podía oír de vez en cuando “paloduz”, que viene a ser como “palo dulce”, manteniendo ese arcaísmo tan hermoso de “dulce” que se encuentra también, por ejemplo, en “arroz con duz”. Hay palabras hermosas como pocas, pero el tiempo, desconsiderado siempre, se empeña en relegarlas al olvido.

Sobre los anacronismos:

La Villa de Campo de Criptana presenta buen aspecto, con sus calles despejadas y rectas. Es digna de nota la iglesia parroquial, edificio de estilo gótico florido, construído en el siglo XVI, con un altar de gran mérito. Pueden citarse, además, la iglesia del antiguo convento de Carmelitas, el moderno hotel del señor Henríquez, y, en un altozano próximo, la iglesia de Nuestra Señora de Criptana, de estilo bizantino puro, construída en el primer tercio del siglo XVI.

Y ya, en aquel tiempo, aquella iglesia parroquial, “edificio de estilo gótico florido” no era la misma, ni su “altar de gran mérito”. Anacronismos varios. Respecto al “hotel del señor Henríquez”, no sabemos muy bien cuál fuese. Que no le extrañe al lector encontrar esto. Hace un tiempo, consultando una enciclopedia publicada en los años 60 del siglo XX, pude leer, sorprendido, que Campo de Criptana tenía una monumental iglesia parroquial de estilo gótico. La documentación… la maldita documentación. Mañana seguiremos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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