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En las cercanias de Arenales: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

En las cercanias de Arenales: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Hay caminos seculares, rutas que atraviesan los parajes de La Mancha desde fecha inmemorial, desde no se sabe cuándo, quizá siglos. Produce un cierto vértigo pensar cuántas historias habrán visto, cuántos viajeros habrán hollado con sus pies sus carriles, cuántos carros y cuántas carretas, y cuántas galeras, los habrán recorrido a lo largo de los tiempos. Han visto estos caminos el paso del tiempo, y el paso de los hombres, y han visto cómo ha ido cambiando el paisaje.

Recorríamos ayer caminos criptanenses y caminos del antiguo Arenales de la Moscarda, rutas que en otros tiempos fueron vías de comunicación de primera importancia pero que hoy han quedado arrinconadas por la red de carreteras que, dicho sea de paso, aprovecha en sus trazados muchas de aquellas viejas rutas. Nos vamos hoy a la segunda mitad del siglo XIX, tiempos en que Arenales de la Moscarda no era sino un conjunto de casas, “Caserío de los Arenales”, se llama en el mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1886. No había calles aún; domina un paraje campestre en el que varios caminos se entrecruzan, y entre ellos surgen las casas, muchas… las de Cepeda, de la Batanera, de Molero, de Perucho, de Lara, del Fraile, de Alberca, de Jiménez, de los Frailes, de Don Javier, de Bartola, de Niebla, de la Villaja…

Allí nos lleva el camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Allí nos lleva el camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Tenía que tener asegurada una buena vía de comunicación este caserío con el pueblo del que administrativamente dependía, Campo de Criptana, y esta pasaba necesariamente por el Puente de San Benito. Se llegaba a éste desde Campo de Criptana por el antiguo Camino de Campo de Criptana a Argamasilla de Alba, cuyo trazado coincide con la actual CR-P-1233, carretera truncada, carretera con final, carretera a ninguna parte. Cruzarías en aquel tiempo, lector, si te hubieses dedicado a las faenas del viajero o del comerciante, o del viandante, el río por este puente, y encontrarías, nada más pasar, una encrucijada. En esto los caminos son como la vida, que están llenos de encrucijadas, y no se sabe muy bien en dónde pueden acabar. Tendrías que haber tomado, lector, el segundo camino a la derecha, el Camino de Campo de Criptana a los Arenales. Es raro este camino, porque tanto puede ser el primer tramo desde el río del Camino Real que el citado de Campo de Criptana a los Arenales. En esto de los nombres los caminos son a veces ambiguos, y tienen varios nombres dependiendo de su trazado y de las preferencias unas zonas o de otras.

Junto al río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Junto al río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Nos lleva este Camino de Campo de Criptana a los Arenales directamente al entonces, en 1886, Caserío de los Arenales. Poco antes de llegar a su destino cruzaba este camino el del Vado de Mascaraque que coincide, más o menos, con la actual carretera CR-P-1222. Todavía, lector, podrás ver el cruce, un poco más allá de la Casa de Don Antolín. Allí sigue la encrucijada, pero hoy no son dos caminos los que se cruzan, sino un camino y una carretera, y en estas azarosas relaciones ya sabemos quién gana siempre… la carretera. Sigue el camino, lector, y llegarás al cruce con el Camino de Mascaraque, y un poco más allá encontrarás una encrucijada en la que se encontraba entonces, en 1886, la llamada “Casa de Cepeda”.

A pesar de todo no lo olvidemos: El camino de siempre entre Arenales y Campo de Criptana pasaba en otros tiempos por el Puente de San Benito, y también por éste pasaban las rutas hacia Tomelloso y Argamasilla de Alba, pues era el único puente sobre el Záncara en muchos kilómetros. Era, pues, un puente muy transitado, lo que explica que continuamente tuviese que ser objeto de recomposiciones y obras de restauración. En algunas ocasiones, como en 1889, tuvieron que ser los “colonos de los Arenales de la Moscarda” quienes cargaron con las obras de reparación (véase: Aquel viejo puente de San Benito… y sus remiendos, Campo de Criptana, 1575, 1790, 1872-1892).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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