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Alcanzó fama en la primera mitad del siglo XIX el polígrafo Sebastián Miñano y Bedoya (1779-1845) por su Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal, publicado en 11 volúmenes en Madrid (Pierart-Peralta). De él y de su reseña de Campo de Criptana ya hemos hablado en alguna ocasión. Baste decir para valorar su importancia que hasta la publicación del diccionario de Pascual Madoz, fue el de referencia para la información relativa a los pueblos de España.

En Arenales: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

En Arenales: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

A pesar de su difusión tuvo tal diccionario muchas deficiencias que pronto comenzaron a ser advertidas por sus lectores y también por sus suscriptores, puesto que hay que recordar que obras tan ambiciosas podían salir a la luz gracias a los fondos aportados en las suscripciones. Y, al parecer, en el artículo dedicado a Campo de Criptana se deslizaron bastantes errores, algunos cuales afectaban también a Arenales de la Moscarda.

Fue especialmente mordaz en su crítica Fermín Caballero en las correcciones a Miñano que publicó cuando los trabajos de impresión de su diccionario aún no estaban finalizados. Nos vamos a la segunda de estas correcciones, que se publicó en 1827 y que con toda ironía tituló Fermín Caballero Segunda corrección fraterna al presbítero doctor D. Sebastián Miñano, autor del Diccionario geográfico de España y Portugal, que continúan sudando las prensas de Peralta, por un suscriptor arrepentido de serlo (Madrid: Imprenta de E. Aguado, 1827). Para comprender el tenor de este librito, casi folleto de 29 páginas, basta leer la frase que encontramos en la primera página, a modo de introducción programática a toda la obra:

Si los errores no se advierten, no se corrigen. Y teniendo tantos y tan crasos el Diccionario, ¿Por qué se han de callar?

Entre las brumas del tiempo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Entre las brumas del tiempo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Y ya que estos días pasados hemos venido hablando de Arenales de la Moscarda, nos quedamos en él en el artículo de hoy, porque Miñano omitió detalles de interés sobre este lugar en aquellos tiempos de comienzos del siglo XIX. No son tan importantes los errores en el artículo de Campo de Criptana como las omisiones, según Fermín Caballero dejó bien patente. Así, en la página 22 de su crítica aporta algunos datos erróneos, quizá redundantes, pero omite otrois:

Mas esta redundancia se equilibra omitiendo otras cosas dignas de espresarse, como el anejo de su parroquia y pedáneo de su jurisdicion, el Altillo.

Recuérdese que por aquel tiempo y hasta 1841, El Altillo fue barrio criptanense aunque se encontraba ya en el mismo Tomelloso. Aquel año pasó a formar parte de Tomelloso (véase: Una antigua aldea de Campo de Criptana hasta 1841: El Altillo).

De campos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

De campos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Pero también se dejó Miñano, como dice Fermín Caballero, cosas sin decir sobre Arenales de la Moscarda, como lo referente a “las famosas huertas” que adornaban su paisaje en aquel tiempo. Pero lo más importante lo encontramos en el topónimo con que el que Fermín Cababallero designa a Arenales:

los arenales de la Moscarda y de Campos

En esto, el también polígrafo Fermín Caballero (1800-1876), natural de Barajas de Melo (Cuenca), nos resulta más fiable que Miñano, aunque sólo sea porque, sin duda, conocía mejor La Mancha que él (véase: Agua y viento, río y molinos…: El testimonio del escritor conquense Fermín Caballero, Campo de Criptana, 1840).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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