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Hemos llegado al momento de concluir esta serie con un epílogo, un cierre como Dios quiere y manda para un escrito que tanto se ha prolongado en el tiempo, en el que tantos nombres de criptanenses y tantos otros datos han salido a relucir. Estos días, ochenta años después, hemos podido conocer qué criptanenses fueron designados por la suerte para formar parte de los jurados populares a lo largo del año 1936. En la “G” cayó el destino, y fueron aquellos cuyo primer apellido tenía la inicial G quienes engrosaron estos listados. La historia tiene muchas ironías. Precisamente con “G” comenzaría el término que definiría los acontecimientos unos meses después de la publicación del listado de jurados, un viernes 3 de enero de 1936, en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real: Guerra.

Lo cotidiano: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Lo cotidiano: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

El listado del Boletín nos muestra aquella siempre deseada cotidianeidad del pasado ajena a la historia, lejana de los grandes acontecimientos que los anales tanto gustan de recoger con todo detalle. Es el día a día de muchos criptanenses dedicados a su trabajo cada día. El dependiente, el sastre, el dueño de un comercio, el industrial, el abogado, el procurador, el platero, el farmacéutico y los propietarios. Estos eran los oficios de las “Capacidades”, como ya vimos a lo largo de la serie. O los de carpintero, herrero, alguacil, albañil, relojero, cajero, pintor, labrador y jornalero, y también un empleado de teléfonos, entre los cabezas de familia, que también recogíamos en su momento. Pero también el mundo de las mujeres de la época, cuya identidad comenzaba discretamente a estar presente en la vida pública, en este caso como candidatas a formar parte de los jurados populares.

Aquella ansiada cotidianeidad se iría al traste unos meses después, y quedaría por espacio de tres años al margen de la rutina, la siempre tan anhelada rutina, ese transcurrir tranquilo y sin sobresaltos de la vida, sólo con los sustos que ya de por sí nos trae el destino que, como solemos decir en este blog, es traicionero y casquivano. Y también torticero.

La mayor parte de los criptanenses reseñados en estos listados tenían una edad que los situaba entre los 35 y los 55; con pocas excepciones cruzaban el medio siglo, y muchos menos pasaban de los setenta. Es ésta, entre los 35 y los 55, la generación que tuvo su floruit precisamente en los tiempos más difíciles de la más reciente historia de España. Y cada nombre esconde una historia. No veamos en los nombres sólo eso, datos oficiales, frías estadísticas, meras burocracias. Veamos en ellos una pequeña parte de la historia no escrita, de aquella que nunca llegó a los grandes anales y por la que éstos nunca se interesaron… de la microhistoria, como diría mi amiga Raquel, que de estas cosas sabe mucho y está siempre acertada en sus puntos de vista.

Son precisamente estas microhistorias las que más le gustan al que escribe este blog. Son ellas, precisamente, la razón de ser de estos escritos, de estos casi ya dos mil artículos publicados desde enero de 2012, porque estas microhistorias forman la memoria colectiva de una comunidad. Es una lástima, sin embargo, que muy pocas veces podamos conocerlas, que pocas veces podamos hacernos una idea de ellas. Pero cuando lo podemos hacer, por supuesto, lo hacemos. Es poco. Son unos nombres y nos pocos datos, pero con eso nos basta. El que escribe, al menos, ha podido evocar con cada nombre un tiempo pasado. Mucho más habrá aportado, suponemos, a todos aquellos que han reconocido en estos nombres el de algún antepasado, que han podido recordar, por un momento, una parte del pasado familiar, recrear, aunque sólo sea efímeramente, tiempos pasados. A lo mejor con esto nos conformamos… y no es poco.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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