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El destino pone a veces en los candidatos a las elecciones zancadillas imprevistas, obstáculos burocráticos de difícil solución. El destino es con los candidatos a las elecciones tan casquivano y pendenciero como para el resto de los mortales. ¡Faltaría más que hiciera distingos! En esto es, hay que reconocerlo, sumamente democrático e igualitario, más o menos como la Muerte (con mayúscula, por supuesto), que no tiene miramientos con nada ni con nadie y, sobre todo, es insobornable.

Quiso el destino que aquellas elecciones de febrero de 1922 en Campo de Criptana fueran, si cabe, unas de las mas discutidas de la historia electoral de la localidad, que, ciertamente, tampoco es que sea una historia que ocupase, en caso de que alguien se animara a escribirla, varios volúmenes de cientos de páginas en papel biblia, bien encuadernados en cuero con sus hermosas letras doradas…. Breve historia electoral de Campo de Criptana. A lo mejor estas elecciones de febrero de 1922 se llevarían buena parte de esa hipotética historia, no por un interés especial en sí mismas, sino por las consecuencias, por las repercusiones que tuvieron en la vida social y política de Campo de Criptana y, sobre todo, porque debieran ir acompañadas de una extensa exégesis que ayudase al lector iniciado a recorrer los torticeros vericuetos burocráticos. A lo mejor habría esa historia de tener formato de biblia catenácea griega, es decir, página con el texto de principal en el centro en letra grande y alrededor, en letra más pequeña, los comentarios patrísticos; o como la Glossa Ordinaria, que viene a ser lo mismo pero en latín y con la Vulgata.

Pero como todavía no estamos en ese supuesto, es decir, en el momento de escribir esa Breve historia electoral de Campo de Criptana, bueno será que continuemos recorriendo ese documento que se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 22 de marzo de 1922, porque en él encontramos todo (o casi todo) lo que tenemos que saber sobre los resultados de aquellas elecciones. Quedábamos ayer en el contrarrecurso que presentaron algunos concejales electos, como Eduardo Cueto y Crescenciano Angulo, al recurso que se había puesto por el cual se pedía se declarasen nulos los resultados. Como es natural en todo recurrido, se pusieron a recoger documentación que pudiese contrarrestar las graves acusaciones que contra ellos se hicieron. Y así, retomando la cuestión donde la dejábamos ayer, se nos detallan en el Boletín provincial los documentos que los recurridos reunieron:

… acompañando tres certificaciones del resultado del escrutinio en cada una de las secciones para acreditar que, está escrita por la letra de uno de los firmantes y es igual al del acta que se dice escrita por mano distinta, escrito que el primer Teniente Alcalde D. José Minguijón, ante la presencia del Sr. Secretario se negó a admitir, pretextando para ello haber expirado el plazo de ocho días, lo que obligó al reclamante señor Cueto a requerir al Notario D. Enrique García Duarte, quien en acta número 156, del día 5 del actual, hace constar que a su presencia dicho Sr. Cueto presentó al Sr. Minguijón la instancia y justificantes que antes menciona y transcribe, manifestando éste que no podía admitirlos porque el plazo de diez y seis días que marca el artículo 4º. del Real decreto de 24 de Marzo de 1891 para la presentación de los escritos de defensa contra las reclamaciones electorales había terminado el día anterior, acta notarial que acompaña, y por cuya razón dirige con fecha 6 otro escrito a la Comisión haciendo historia de estos hechos y remitiéndole los documentos para que se incluyan en el expediente:

Recuérdese al hilo de esto, que una de las acusaciones que se habían presentado en el recurso tenía que ver con la falsificación de las actas electorales (véase: El espinoso “affaire” de las elecciones municipales… y el fantasma de la sospecha, Campo de Criptana 1922, VI: El distrito nº 1, Ayuntamiento, III… el escrutinio, la documentación y la falsificación). No queda aquí este despropósito burocrático. Hay más… pero esto será tema para mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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