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No pudo evitarlo el que escribe. Vio la palabra «Tannhauser» (así, sin Umlaut) en la página 6 del periódico Lanza del 9 de diciembre de 1965, y ese espíritu wagneriano latente (pero siempre vivo) en el alma de uno despertó. Y salió el artículo de ayer que no era sino la crónica que un viajero, o reportero, o corresponsal… póngase lo que se quiera, hizo de su paso por Campo de Criptana justo en el día de Santa Cecilia de 1965. Y era «Tannhauser» (así, sin Umlaut) protagonista de aquella página del diario… la magnífica versión de aquella ópera (quizá de una selección) que interpretó la filarmónica Beethoven en aquel concierto núm. 893 del maestro Angulo.

Pero, como no solo de pan vive el hombre y tampoco vive la música solo de Wagner, por ello hubo mucho más en aquel concierto y, por fortuna, el viajero, o reportero, o corresponsal… póngase lo que se quiera, nos dejó una cumplida y detallada descripción de aquel concierto.

Hubo un pasodoble para abrir el programa. «Aires da festa», de Adolfo Sierra…

Como de su título se deduce, trae cadencias de las rias gallegas y de la fiesta del «bou». Algo así como primo hermano del «Puentareas» de Soutullo. Muy agradable.

También estuvo presente «Ervi»n», fantasía para clarinete de G. Meister. Tiene esta obra un solo de clarinete, y nos da el viajero, o reportero, o corresponsal… el nombre del solista criptanense que lo interpretó. E hizo el solo de clarinete Francisco Calonge Galindo, sobre cuyos apellidos nos dice el autor de la crónica que son «de gran prosapia en la estela de la música y de los tiempos». Y sobre su intervención, lo siguiente:

… lució sus habilidades al por mayor, y sin rebaja.

Y a continuación:

Salvo un tic de titubeo en la primera estrofa por el joven Calonge, el resto fue un alarde de dominio y soltura, con nutridos aplausos de premio, que no cesaron hasta que el director y solista se intercambiaron la felicitación.

Y se llegó al final del concierto, y fue con la selección de La bruja, del maestro Chapí, del que nos dice el cronista que, «con el otro levantino, Serrano, fueron los más acusados seguidores de la escuela wagneriana». Y sobre la interpretación nos dice que estuvieron «majos los músicos, sacando tersa y limpia» la compleja instrumentación de Chapí. La jota final de la zarzuela dio paso a un aplauso general, y en pie saludaron al público maestro y músicos.

Y así acabó el concierto, pero no concluyeron con él las fiestas de Santa Cecilia de 1965. Hubo más, pero será cosa de seguir mañana para no alargar en exceso el presente artículo y no mezclar unas cosas con otras. Así, hoy hemos hablado de música, y mañana hablaremos de teatro. Cada cosa en su sitio y un momento para cada cosa.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO