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Por el camino de la estación de Río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Por el camino de la estación de Río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Vio la oscuridad de la noche cerrada trajín en las calles criptanenses aquella madrugada del 6 de febrero de 1955. Mucho trajín… en la Plaza del Generalísimo, en las calles aledañas, en la delegación de Falange. Y poco a poco los que tenían que estar allí estuvieron todos, reunidos, para partir. Que llovía que no llovía. Así estaba la noche. Oírse el ruido del tren y comenzar a lloviznar fue todo uno. Afloraron recuerdos y evocaciones en la mente de un testigo presencial que después redactó una crónica de los acontecimientos para el periódico Lanza. Y en su número del viernes, 18 de febrero de 1955 se publicó. Y así nos ha quedado para nosotros, para la posteridad, muchos años después, una imagen congelada de un aspecto social muy determinado de la vida criptanense de aquel tiempo.

La vieja carretera en Río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

La vieja carretera en Río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Dejábamos al grupo congregado a punto de partir hacia la estación de ferrocarril. Era y es un buen paseo desde la Plaza hasta la estación. Hubo un tiempo en que transcurría el camino todo él por campo, o por campos, por cebadales, por alguna que otra bodega. Poco a poco se fue poblando aquella calle, y se hicieron más bodegas, y un campo de fútbol, y un parque, no grande pero sí coqueto (antes más que ahora). E imaginamos al grupo caminando bajo la noche, bajo la llovizna. Veinticinco falangistas juveniles nos dice el cronista de Lanza que formaban el grupo. Caminaba el grupo entonando, nos dice el cronista, «canciones aprendidas con calores campamentales» que rasgaban la noche. Un mozo, «solitario», especifica el cronista, tocaba la guitarra a modo de escolta del grupo. Y he aquí que no estaban solos. A la puerta de la iglesia dos madrugadoras esperaban, mientras contemplaban el paso del grupo.

Y llegaron a la estación, pero faltaba gente. Los rezagados llegaron. Eran cinco y así el grupo quedó completo. Treinta falangistas juveniles, nos vuelve a decir el cronista. Y tomaron el tren, que les llevó hasta la estación de Río Záncara.

Fábricas de Záncara: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Fábricas de Záncara: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Dejó de llover. Había un jefe de marcha, como es de rigor en estos casos. Donde se ponga la jerarquía convenientemente organizada, que se quite todo lo demás. ¿Lloverá o no lloverá? Era cuestión importante, porque el viaje no concluía allí. Era la estación de Záncara sólo una etapa. Mucho camino quedaba aún y había que hacerlo a pie. El destino era Pedro Muñoz. ¿Llovería o no llovería? Esa es la cuestión. Nos dice el cronista que el jefe de marcha:

… consulta la conveniencia de esperar la luz del día para caminar hacia el destino: Pedro Muñoz.

En La Cubeta: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En La Cubeta: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Téngase en cuenta que el camino es largo de la estación de Záncara a Pedro Muñoz, y bajo la lluvia sería algo molesto. Se inicia el camino, y se sale de Río Záncara hasta llegar a la carretera. Poco menos de dos kilómetros se recorrerán hasta el llamado paraje de La Cubeta, allí donde la carretera cruza el río Záncara. Al otro lado del río continúa el trayecto. Queda a la izquierda la Casa de los Bueyes. Continúan los caminantes hacia el norte. Dejan a la derecha los Huecos de San Miguel, y a la izquierda los Huecos de la Cubeta. Paisaje pizpireto, viñedos, arboledas dispersas, alguna que otra casa por aquí, muchas casas por allí. Es alegre y cantarín el camino por la CM-3103. Cinco kilómetros y medio, aproximadamente, hay desde La Cubeta a Pedro Muñoz. Un largo paseo. Y, según, parece, el cronista formaba parte del grupo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO