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Coincide el comienzo de este artículo con el amanecer de la historia que estamos contando. Durante seis artículos se han desarrollado los acontecimientos en la noche; iba apuntando poco a poco la madrugada. Y ya las primeras luces anuncian el nuevo día.

Amanecer en Ruidera: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Amanecer en Ruidera: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Y el cronista que escribió la historia publicada en el periódico Lanza, del 18 de febrero de 1955, no puede dejar a un lado tal acontecimiento. Amanecía, con cielo arrebolado. Y ya se sabe lo que se dice por aquí:

«Rebolá» para llover al salir y no al poner.

O «que no al poner», que también vale como variante.»Rebolá» es forma coloquial, no recogida en el DRAE. En éste encontramos «arrebolada», con el significado de:

Conjunto de nubes enrojecidas por los rayos del sol.

Y, como también nos dice el DRAE, la arrebolada se llama así porque tiene el color del arrebol, que es el:

Color rojo, especialmente el de las nubes iluminadas por los rayos del sol o el del rostro.

Amanecer: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

Amanecer: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

La arrebolada, o «rebolá», indicaba que aquel día, quizá, podría llover. Tal amenaza no había desaparecido completamente y ese día, quizá, antes de ver la puesta de sol, podrían volver a caer unas gotas, o a llover con contundencia… porque nunca se sabe con estas cosas del clima. Lo cierto es que en la descripción del amanecer el cronista se pone poético y florido:

Amanece. El cielo arrebolado rojo de fuego con matices ceniza y grana se muestra indignado ante la profanación del domingo.

Otro dato más. Era domingo aquel día, día de fiesta, día, por tanto, en el que se podían organizar actos como esta marcha para no entorpecer la jornada laboral semanal.

Pero, domingo y todo, había quienes salían a trabajar el campo, y de vez en cuando el grupo se cruzaba con ellos.

Y ya en Pedro Muñoz era preceptivo en estos casos un desfile. Y lo hubo, y desfiló el grupo cantando. ¿El destino? Era la Cruz de los Caídos de Pedro Muñoz. Por supuesto, algo así tenía, por fuerza, que despertar la curiosidad de la gente. Y así nos dice el cronista que las puertas y ventanas se iban abriendo al paso de la comitiva. Y a continuación el cronista incluye un refrán, porque entre las peculiaridades literarias de esta crónica podemos detectar que son muy del gusto de su autor los refranes y los dichos. Y éste es el refrán:

… que la siembra hay que verla por la mañana y a la novia por la tarde.

Y se llegó al destino, que era, como ya dijimos, la Cruz de los Caídos. «Firmes», nos dice el cronista, quien sin duda, como ya hemos dicho, presenciaba la escena, o formaba parte de ella. Quizá esto último sea lo más seguro. Y se rezó una oración por José Antonio. Y llegó la hora de los discursos y de las consignas al uso en la época en tales circunstancias. Pero esto ya es cosa de otro artículo y para otro día lo dejamos… es decir, para mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO