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El día 27 de agosto era el último de las ferias y fiestas de aquel año de 1959. Concluían así cuatro días de feria, días completos, y parte de uno, del 23, que se puede considerar prefacio lúdico-festivo de las ferias. Su programa completo se publicó en el periódico provincial Lanza, del 24 de agosto de 1959. Era el 27 el único de todos los días de feria que presentaba peculiaridades en el programa de actos. Ya no comenzaba la mañana con una diana, ni con madrugones, como en los días anteriores. Sin embargo, se adelantaba el primer acto de la mañana. En días anteriores, a excepción del 24, día de la función solemne al Cristo de Villajos, el primer acto no tenía lugar hasta las once de la mañana. ; el 27 sería a las diez, aunque su carácter mantenía la coherencia de todo el programa de feria. Hubo aquel día, pues, a las diez de la mañana, un partido de fútbol, «de campeonato local», nos especifica el periódico Lanza.

En el Parque Municipal: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Ciertamente, para ser el último día de ferias y fiestas andaba pobre en actividades la jornada. A las diez el partido de fútbol citado. Y nada más habría hasta las seis de la tarde, en que tendría lugar otra sesión de la «Gran Carrera Ciclista», de nuevo, como nos decía Lanza, con los «Ases de Licor 43» y el criptanense Fernando Manzaneque. Deportes y deportes por la mañana. La verdad es que a quienes no nos interesa mucho el deporte, así en general, sin entrar en particularidades, tal día habría resultado algo tedioso. Hoy también nos lo resulta… no nos engañemos.

Lo que tenía en común este último día de feria con los anteriores en lo que se refiere al programa de actos era el concierto, Concierto, así, con mayúscula, porque era la verdadera institución de la feria criptanense. A lo mejor lo es también hoy. Sí…, en efecto, creo que lo sigue siendo. Es inconcebible una feria criptanense sin los conciertos de la Filarmónica Beethoven. No sería lo mismo. Fue el concierto en el Parque Municipal, que es lugar fresco, locus amoenus en verano, apropiado para tal acontecimiento. Supongo que no hay nada que conjunte mejor que la naturaleza de los jardines, que antes en el Parque Municipal tenían algo de arcano, algo misterioso entre sus tupidas arboledas, en sus paseos sombríos, en sus setos bien recortados, sus matojos de flores… y la música.

Con el final del día tendría lugar el final de la feria. Doce de la noche, marcaron los relojes criptanenses, doce de la noche y vino el final de las fiestas… hasta el año siguiente, en unos tiempos en que las ferias y fiestas eran el más esperado acontecimiento anual en Campo de Criptana. A las doce de la noche «una gran traca», según Lanza, anunció el final de las Fieras y Fiestas criptanenses de 1959.

Y la vida volvió a su rutina y la cotidianeidad se adueñó de Campo de Criptana y de los criptanenses, esa ansiada cotidianeidad, ese transcurrir plácido y tranquilo, lento a veces, de los días, de los tiempos, de las vidas y de las generaciones.

En la Octava: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

No había concluido todavía el programa de festejos, pues no hay que olvidar que la verdadera razón de estas fieras y fiestas, aunque descabalgadas de su fecha original, era y es honrar al Cristo de Villajos, de la villa de Campo de Criptana. Quedaba aún por llegar el novenario, que sería al día siguiente, el 28 de agosto, y luego el 6 de septiembre la función religiosa y la despedida del Cristo, que partiría de nuevo, como todos los años había sido y seguiría siendo, rumbo a su santuario. Y el día 13 de septiembre sería la Octava, pero esto será asunto de otro día. Por lo pronto quedémonos con esto. Concluyó la feria de 1959 y la vida volvió a su normalidad. Que no es poco.

Y concluimos, como venimos haciendo en estos días, con otro anuncio publicitario que acompaña al programa de ferias en Lanza. Dice así:

EXPORTADORA DE VINOS, S. A.

Teléfonos 163 y 27

Campo de Criptana

(C. Real)

Éste es el último anuncio de los que aparecen en la página. La mayor parte, como habrá podido comprobar el lector, tenían que ver con el vino.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO