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En la calle de la Virgen: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Concluimos ya hoy la prolífica letra “M” que se encuentra en las iniciales de tantas y tantas actividades económicas y profesionales de Campo de Criptana recogidas en el Anuario Comercial Manchego de 1965-1966. Nos quedan dos capítulos de esta letra. Uno es el de “mercerías”, y el otro el de “molinos”, así, tal cual. Veíamos ayer el capítulo relativo a médicos, y observábamos que el Criptana de aquellos años de mediados de los sesenta estaba bien provisto de facultativos de diversas especialidades. No encontramos, sin embargo, muchas mercerías. Sólo tres aparecen recogidas. Pero ello no implica que no hubiese más, pues, reiteramos lo que tantas veces hemos dicho: Este tipo de anuarios o directorios comerciales y empresariales eran de suscripción voluntaria para negocios y empresas, por lo que es muy probable que hubiese quienes no estuvieran interesados en que su nombre comercial apareciese en ellos, ya sea porque con su clientela local ya estaban bien satisfechos, o porque no viesen en tal suscripción una oportunidad de crecimiento futuro. Por ello, no conviene deducir que todo lo que tenía Campo de Criptana aparece en este Anuario comercial, porque no era así. Es cierto, sin embargo, que la información que nos ofrece nos basta para hacernos una idea bastante completa del panorama económico de la localidad en aquellos años.

Veamos, pues, los dos últimos capítulos de la “M” para dejar ya paso en el artículo de mañana a la “N” que, conviene decirlo, es letra de pobre representación en este Anuario, de discreta aparición, podríamos decir, pues sólo dos capítulos cuyas denominaciones comienzan con ella encontramos aquí. He aquí, pues, el penúltimo capítulo de la “M”, es decir, el de mercerías, en el que aparecen recogidos los siguientes nombres:

Julián Carreras Moreno.- V(irgen) de Criptana, 10.

José Isasi Luján.- Reina Cristina, 49.

Augusto Valea (sic, errata por “Valera”) Palomino.- Avda. José Antonio, 26.

Y veamos ahora, ya por fin, el último capítulo de la “M”, que es el de molinos, aunque suponemos que no se refiere aquí tal término a los molinos de viento criptanenses, sino a fábricas de molienda para fabricación de harina. Dos nombres aparecen recogidos, en ambos casos sin dirección y sin teléfono. Uno de ellos es Manuel Cobos Iniesta; el otro es Martiniano López Utrilla.

Y ahora sí. Ahora ya sí hemos llegado al final de la “M”. Reconocemos que cuesta trabajo decir adiós a una letra que tanto nos ha dado en estos días, pero la vida es así: Está repleta de “adioses”, de despedidas… mucho más tristes si son, al atardecer, en el andén de una estación.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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