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Y continuó la Santa Misión aquellos días primaverales, días floridos, días luminosos, de comienzos de mayo de 1950, en Campo de Criptana, en su Plaza Mayor. Comenzábamos contando lo que nos decía un artículo publicado en Lanza el día 9 de mayo de ese año, y continuábamos con el artículo, continuación del anterior, publicado en el periódico el día siguiente, el 10 de mayo. Y en éste nos quedábamos ayer.

En la Plaza: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

De ocho mil personas en los actos de la Santa Misión en la plaza habla el corresponsal, gentes de Campo de Criptana y gentes, también, de los pueblos de los alrededores. Venían por la “fama de Santidad del Padre Rodríguez, dice la crónica.

Hubo también un sermón por la noche, el día antes. Nos cuenta el corresponsal que estaba la multitud emocionada por las palabras del misionero… y en esto, que empezó a caer una llovizna… o una “finísima lluvia” nos dice la crónica, que añade que la gente no se fue, y que la gente aguantó bajo la lluvia, y que también aguantaron “aristócratas de apellidos ilustres mezclados con hijos del pueblo llano”. Los vio el corresponsal, fue él testigo presencial.

Hubo acto por la noche, y hubo “madrugón”, nos dice el corresponsal. ¿Para qué había que madrugar? Nos lo sigue contando la crónica. Había que “preparar los aparejos, dejar las mulas a punto y después del Rosario [de la Aurora] y de la Misa, al trabajo”, cada uno al suyo, claro, como era de menester.

Se estaba entonces construyendo la nueva iglesia parroquial de Campo de Criptana, lugar en el que “estaba el que destruyó la Revolución Roja”. Nos lo dice el corresponsal así. Pero esto lo dejaremos para mañana, porque aún queda materia que tratar sobre aquella Santa Misión en Campo de Criptana, un día de primavera florida, allá por los días en los que viene a caer el Rosario de la Aurora.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO