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En caminos peligrosos. Cuadro “El camino a la casa”: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

De la Santa Misión de 1950 damos un salto en el tiempo, salto largo, y retrocedemos ciento tres años, y nos situamos en 1847, es decir, hace la friolera de ciento setenta años. Nos vamos a tiempos peligrosos, tiempos en que La Mancha parecía tierra de frontera, escenario de western, tiempos inseguros en los pueblos y en los caminos. Por aquel entonces partidas de bandoleros y forajidos estaban al acecho tras cualquier aprisco a la espera de un caminante o de un viajero para asaltarle o, incluso, si era gente de posibles, para secuestrarle (véase: Crímenes, extorsiones, secuestros y robos… Una crónica negra del siglo XIX, Campo de Criptana 1836-1839). Y si había caballerías por medio, también se las llevaban, porque también había cuatreros que actuaban casi con total impunidad (véase: Cuatreros en Campo de Criptana, 1844).

Entre apriscos y ruinas. Cuadro “Ruinas”: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Un caso de secuestro lo conocemos gracias a una crónica que se envió desde la vecina localidad de Herencia, el 7 de junio de 1847 al periódico El Español, “diario de las doctrinas y de los intereses sociales”, rezaba como subtítulo en la cabecera. La crónica se publicó en el número 908 de la segunda época, del jueves 10 de junio de 1847. Dice así:

Ayer al oscurecer sorprendieron tres hombres, perfectamente armados y montados en el sitio de los Losares, término de la inmediata villa del Campo de Criptana, á don Basilio Figueroa, propietario de aquella vecindad, pidiendo por su rescate 300.000 rs. por lo que infiero que si no se persiguen con actividad á estos, que son los primeros que se lanzan en la arena; se inspecciona bien el modo de vivir de muchos que pululan por las calles de los pueblos bien vestidos, siempre jugando y triunfando sin oficio ni beneficio, irán indudablemente á buscar la impunidad, y volverán, no lo dudo, á abrirse los caminos, algo desusados de los Palillos y comparsa: quiera el cielo que el gobierno no mire tan por encima estas que á su parecer serán pequeñeces, y que no nos deje abandonados á nuestras propias fuerzas.

Más caminos. Cuadro “La senda”: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Con “los Palillos” se refiere el texto a los hermanos Palillos, una de las más conocidas partidas de forajidos que por aquella época se dedicaban a hacer sus fechorías en tierras manchegas. Para comprender el clima de inseguridad que se vivía entonces, conviene recordar que unos años antes, en 1835, una partida de “facciosos” había asediado el Cristo de Villajos (véase: Asedio al santuario del Cristo de Villajos, Campo de Criptana, 1835), y que en 1839 se producía un asalto y robo también cerca del santuario de Villajos (véase: Un camino peligroso, unos asaltantes y un robo… cerca de Villajos, Campo de Criptana, 1839).

No acaba aquí la información sobre el suceso. En el artículo de mañana seguiremos tratando la cuestión con datos adicionales.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

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