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Volvemos de nuevo a la ruta del Quijote, o a una ruta del Quijote, porque, como insistimos siempre, no hay una sola, a lo mejor hay varias, a lo mejor muchas, a lo mejor infinitas… tantas como viajeros, tantas como aventureros, tantas como quijotes de hoy… y de ayer. Que la ruta del Quijote es más un viaje iniciático que un viaje real es algo que no dudamos; que tiene más de ficción que de vinculación con el espacio y el tiempo de la realidad, tampoco lo dudamos. A lo mejor por eso son tantos y tantos los que han emprendido, ya desde hace mucho, una ruta del Quijote de caminos inciertos, de senderos sin un rumbo fijo en el que sólo se tienen claras las paradas pero no los itinerarios, que tanto pueden ser unos como otros. ¿Y qué más da? No tiene esta ruta punto de partida, porque Cervantes no nos lo quiso decir; a lo mejor tampoco tiene un final. El viajero lo pondrá donde él quiera, que para eso la imaginación manda y ordena, y dispone… que no es poco.

El destino iniciático: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Y todo este prefacio viene a cuento por un anuncio que hemos encontrado en el periódico El Sol, del 17 de abril de 1935… un anuncio que llama la atención del lector, como debe ser, con un «LECTOR», así, en mayúsculas. ¿Qué encontrará el lector en este largo anuncio en cuyo pie se puede encontrar la fotografía de uno de los autobuses de la época, precisamente el que hacía el itinerario Madrid-Toledo… precisamente el que llevaría a los excursionistas a La Mancha? Encontrará el lector una ruta del Quijote, una excursión organizada que tendría lugar el día 21 de abril:

El próximo domingo, día 21, tendrás la oportunidad de hacer una magnífica excursión, cómoda y baratísima, a los lugares donde se supone desarrollada la maravillosa fantasía literaria de nuestro inmortal Cervantes «El ingenioso hidalgo Don Quijote».

Inscríbete en seguida si quieres pasar un día delicioso, pleno de emoción histórica y romántica.

En la Gran Vía: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Y a continuación se detalla el programa. Partiría la excursión de la mismísma Puerta del Sol, un lujo que hoy día sería casi completamente imposible. Seguiría el autobús por la calle del Carmen, lo que hoy también sería imposible, porque esta calle es peatonal. Y de allí llegaría a la Gran Vía rumbo a la Plaza de España, para despedir Madrid, como debe ser, ante el monumento a Cervantes… ese que peligra hoy día por designios malhadados del ayuntamiento de Madrid. Seguiría por Palacio, calle Bailén y Plaza Mayor, entrando a continuación en la calle Atocha. Ante el Hospital del Carmen, esquina a la costanilla de los Desamparados, se haría una breve parada, pues allí estuvo la imprenta en la que se imprimió la primera edición del Quijote en 1605. Allí la excursión contemplaría la lápida conmemorativa, obra de Coullaut Valera. Así nos lo dice el anuncio.

Y ya se sale de Madrid… por el Puente de Vallecas, y se toma la carretera de Valencia, luego se pasa por Chinchón, Colmenar, Villarrubia y Villatobas, hasta llegar a Quintanar de la Orden. Allí se haría un alto en el camino para un pequeño descanso. Luego se iría a la venta de Don Quijote, donde esperaría a los excursionistas Jaime Pantoja, «autoridad en los estudios cervantinos», nos dice el periódico… pues allí:

En el patio, al lado del pozo, pasó Don Quijote la noche velando sus armas y fué armado caballero.

Hacia El Toboso: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Se tomaría a continuación el rumbo hacia El Toboso, también en visita guiada por Jaime Pantoja. Luego se iría a Pedro Muñoz, y desde allí «al Campo de Criptana»:

… lugar de los molinos, de los cuales se ven ejemplares muy interesantes…

Y después de una breve estancia en Criptana, la excursión continuaría a Alcázar de San Juan. Allí tendría lugar el almuerzo, con visita por la localidad a cargo de D. F. González Ruiz. Y ya en la tarde continuaría la excursión su camino por Herencia, y luego a Puerto Lápiche, donde concluiría el programa de visitas.

En Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Era ya la tarde, y era la hora de regresar a Madrid después de tan apretada excursión, después de viaje tan cargado de simbologías, y de imágenes manchegas, y de rincones cervantinos. Desde allí, desde Puerto Lápiche, como se escribía entonces, el autobús tomaría el camino de Madrid, y en Aranjuez se haría un pequeño descanso. Y ya sería seguramente la noche cerrada cuando aquella excursión, aquel viaje de destinos irreales, llegaría a la madrileña Puerta del Sol, y cada mochuelo a su olivo, que es como decir que cada excursionista a su casa. Como debe ser. A lo mejor algunos siguieron en sus sueños su viaje iniciático, a lo mejor recrearon historias y aventuras, a lo mejor viajaron a lugares imposibles… a lo mejor. Todo es posible en un viaje iniciático en los tiempos en que una excursión era toda una aventura… todo es posible en un sueño cervantino de una noche de abril.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO