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Allá por comienzos de junio de 1893 un extraordinario fenómeno de la naturaleza tenía lugar en Campo de Criptana. Tan extraordinario fue que la prensa de la época se hizo eco de él, y se habló de él, o mejor dicho, se publicó sobre él, dando lugar al asombro de cuantos leyeron tal noticia… y entonces sí, después de la lectura daría lugar el fenómeno a que se hablase de él.

Tuvo lugar el asombroso acontecimiento, como veremos, en la yeguada del Conde de las Cabezuelas, en Campo de Criptana. La primera noticia sobre él la encontramos en el periódico Heraldo de Madrid, año IV, núm. 945, del martes 6 de junio de 1893, y dice así:

Leemos en un periódico de Ciudad Real:

“En la yeguada del señor conde de las Cabezuelas, en Campo de Criptana, se ha dado en estos días un verdadero fenómeno de la naturaleza.

Una yegua ha parido, en un solo parto, un potrillo y un buche, ambos perfectamente formados y de bonita estampa.

Como el cruce de la yegua y el burro siempre da mula ó macho, el hecho es bastante raro y digno de estudiarse”.

Tal cual se publicó el mismo texto en el periódico La Crónica de Huesca, año II, núm. 428, del 18 de julio de 1893. Lo extraordinario del hecho es que una yegua pariese un potrillo y un “buche”, término del que desconocía su significado el que escribe, pero, gracias a una puntualización de nuestro querido amigo y lector Primitivo Olivares, pudimos saber que tal término hacía referencia a una cría de asno. Y así lo encontramos, por ejemplo, en el segundo artículo “Buche” del Diccionario  de la RAE de 1992:

Borrico recién nacido y mientras mama.

En la edición más reciente del DRAE se dice que un “buche” es un:

Asno recién nacido y mientras mama.

Una versión más breve de la noticia, y con algunas diferencias algo desconcertantes, se encuentra en el periódico El Correo Español, del miércoles 14 de junio de 1893:

En la yeguada del señor conde de las Cabezuelas, en el Campo de Criptana (Ciudad Real), se ha dado en estos días un verdadero fenómeno de la Naturaleza.

Una yegua ha parido en un solo parto un potrillo y un rucgo (sic, quizá por “rucho”), ambos perfectamente formados y de bonita estampa.

El hecho es bastante raro y merece estudiarse.

Aquí no encontramos el término “buche”, sino un llamativo “rucgo”. Podríamos interpretar “rucgo” como una corrupción de “buche”. Pero también se podría considerar corrupción de “rucho”, término que también designa al asno y que está atestiguado en diccionarios de español entre 1899 y 1992. Así, en el Diccionario de la RAE de 1899, se da “rucho” como equivalente de “pollino”, mientras que en el de 1992 las equivalencias son “burro” y “pollino”.

Y aquí termina lo que teníamos que decir sobre aquel extraño fenómeno de la naturaleza que tuvo lugar un día de verano de 1893 en Campo de Criptana… y es que la naturaleza nunca, nunca deja de sorprendernos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

 

 

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