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Entre los elementos que definen un paisaje o un entorno cualquiera destacan fundamentalmente los árboles, a veces un sólo árbol cuya forma o tamaño desafía todas las leyes posibles de la naturaleza, o un árbol sencillo, discreto, igual que otros cientos o miles de árboles de la misma especie.

Los árboles de la carretera: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Pero hay veces en que un árbol aparee indisolublemente unido a un paisaje y ese paisaje queda definido por él. Cualquiera que conozca estos lares, sin duda, vería extraña la carretera de Campo de Criptana a Arenales de San Gregorio sin sus al menos tres grandes encinas, último reducto de las otrora inmensas, o infinitas, extensiones de tal árbol en La Mancha. Esperemos que, después de las obras iniciadas en esta carretera esas encinas sigan en su sitio, pero, vistos los antecedentes, no albergo muchas esperanzas de ello.

No tiene por qué ser ese árbol que define un lugar un árbol especial, como he dicho. Recuerdo que hasta no hace mucho, hasta el momento en que se rehízo la carretera de Campo de Criptana al Santuario del Cristo de Villajos, había una pequeña línea de árboles, desigual, asimétrica, natural al fin y al cabo, junto al arcén izquierdo según se va en dirección al Santuario del Cristo. Estaban estos arbolillos una vez pasado el paraje de La Poza y dejaban caer su sombra sobre el asfalto.

No sé por qué, pero esos árboles, aunque insignificantes, formaban parte de aquel paisaje, tanto que hoy, que esos árboles ya no están, apenas puedo reconocerlo. Me resulta extraño. He pintado muchas veces también aquel paisaje, aquella vista de la carretera con aquella pequeña y discreta fila de árboles ya perdida, y aún hoy, cuando transito por allí, la echo de menos. Falta algo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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