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Comenzábamos ayer serie. De vez en cuando en este blog nos ha salido a relucir el nombre de Fernández Baldor y sus bodegas en Campo de Criptana. Había sido su propietario Ramón Fernández Baldor, santanderino, quien en la época en la que se sitúa esta serie ya había fallecido. Su viuda, sin embargo, continuaba residiendo en Campo de Criptana y desde aquí remitía muy frecuentemente sus cartas al periódico El Progreso Pecuario.

Allá por julio de 1932 Santander celebró su I Feria de Muestras. Sus principales empresas participaron en ella, y también tuvo su stand, como era de esperar, la Casa Baldor, que, aunque con muchos negocios en La Mancha, tenía su sede en la localidad de Solares. Y llegó un periodista al stand de la Casa Baldor, y encontró allí al encargado, a José Enguídanos, criptanense. Y él le contó al periodista sobre la Casa Baldor, y el periodista lo escribió todo. Y dio el periodista forma a la crónica que se publicó en el periódico El Cantábrico, año XXXVIII, núm. 13.485, del 26 de julio de 1932.

Continuamos ahora, pues, donde lo dejábamos ayer, viendo qué siguió contando José Enguídanos.

En Campo de Criptana, nos dice, la Casa posee tres magníficas bodegas: las Charcas, la Concepción y la estación, dotadas de todos los adelantos modernos, para una perfecta unificación de los sabrosos frutos de las vides de mi tierra, y en ellas se elaboran anualmente varios cientos de miles de arrobas de vino, para cuya rápida y perfecta manipulación se emplean numerosos obreros, varios de ellos montañeses, y un arsenal de prensas y envases de todas las clases y de todos los tamaños.

Para el transporte y distribución de esta enorme producción se utilizan, además de los clásicos carros manchegos, con sus vistosos tiros de mulas, tres modernos camiones automóviles y 25 vagones-cubas, que llevan el nombre y los vinos de la Casa Baldos (sic) a todas las ciudades y pueblos importantes de la península.

En Criptana ha puesto en explotación la Casa Baldor una extensa finca, conocida con el nombre de “La Huerta”, que constituye una magnífica granja, en la que existen muchas vacas llevadas de la Montaña.

Hasta aquí llega la reseña de negocios e intereses económicos y comerciales de la Casa Baldor en Campo de Criptana. Tres bodegas, eran tres, las de la Casa Baldor en Campo de Criptana, y en ellas se contaba con toda la infraestructura necesaria en la industria vinícola. Pero no era Campo de Criptana la única localidad en la que la Casa Baldor tenía intereses. Como José Enguídanos seguirá relatando, también en Socuéllamos tenía esa empresa bodega. Pero esto ya será cosa de otro día.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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