Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Dede la lejanía… el palomar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

De palomas hablábamos ayer, y de las palomas al palomar vamos hoy, o a los palomares. No hablaremos sobre uno de esos palomares, El Palomar criptanense, por excelencia, aquel que tiene incluso su calle, “Calle Palomar”, aquel que tuvo hace muchos años un grupo escolar, parvulitos y de primero a cuarto de aquella vieja EGB. Tenía un gran patio, y tenía aulas alrededor, primera y segunda planta. Hoy es el edificio del Conservatorio de Música, con sus banderas y en la fachada y todo.

Pero no es de este palomar del que queríamos hablar. Es de otro, de ayer de hoy y, a lo mejor también del futuro (aunque no sabemos por cuánto tiempo). Hubo un tiempo en que un palomar era signo de riqueza, pues de la paloma se aprovechaba casi todo. Era todo un lujo tener un palomar. Hoy los palomares se caen comidos por la ruina y por el abandono.

Tendrás que tomar, caminante, un camino que te llevará fuera de Campo de Criptana… no muy lejos. O la carretera que te guiará hacia el santuario del Cristo de Villajos. Da igual por donde vayas. Verás el palomar desde cualquier punto de los alrededores. Es el paisaje un pequeño valle y en el centro se erige ese palomar. A lo mejor es, incluso, como un vigía de las tierras, y también de los tiempos.

Otra visión: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Harás el camino, caminante, y llegarás al poco desde el Cristo. Pero, al poco de salir de éste, detente, caminante, y mira cuán seco está hoy aquel viejo arroyo de siempre, arroyo de San Marcos, arroyo que tiene su fuente en la Huerta de Treviño, entre juncales, arroyo que atraviesa toda la llanura buscando la Laguna de Salicor. Hoy está seco. Hace mucho que está seco. Pero en La Mancha hay de vez en cuando milagros, y un poco de lluvia hace resurgir en este arroyo la vida, y el agua cristalina corre saltarina, y danzarina, buscando su mar… en este caso su laguna. Y con el agua vienen las ranas y su interminable croar bajo el cielo azul.

Desde el arroyo verás, caminante, el palomar. Allí está, sobre su colina, en el lugar de la Casa de la Huerta del Bajo. Hoy todo es una ruina, pero con un poco de imaginación, lector, podrías imaginar buenos tiempos de esplendores pasados, de su vieja arboleda ya inexistente, de su noria en pleno funcionamiento, de la casa llena de vida cotidiana con su chimenea humeante. Era todo un vergel en la llanura. Hoy todavía lo es, aunque menos.

Y ahora… de cerca: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

El palomar sigue allí, aunque poco a poco se va cayendo. A lo mejor es un símbolo de decadencia, de lo que fue y de lo que ya no es. A lo mejor ya ni las palomas vienen al palomar, pero ahí sigue. Caminante, cuando pases ante él, míralo detenidamente y piensa… quod fui es, quod sum eris, es decir, “lo que fui eres, lo que soy serás”. Y entonces, quizá, una paloma despistada te sorprenderá, y asomará su cabeza sobre los muros de ese palomar y echará a volar. Y entonces pensarás, caminante, que todo es efímero… y volátil.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

Anuncios