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Hace unos días nos ocupábamos en un artículo de este blog (véase: Las escuelas de adultos y de adultas… y la contraposición, Campo de Criptana 1875) de la insistencia por parte de la Junta Provincial de Instrucción Pública de Ciudad Real en la necesidad de abrir al púbico las escuelas para adultos en pueblos de la provincia. Entre los pueblos que tenían escuela de adultos se cita a Campo de Criptana.

Pero retrocederemos en el tiempo diez años, y nos iremos al año 1865, tiempo en el que desde la Diputación Provincial se urgía a los pueblos que tenían escuelas de adultos a abrirlas en la fecha fijada, que era el 1 de octubre. Parece, sin embargo, que no todos los pueblos habían abierto sus escuelas y, por ello, la Junta de Instrucción insiste, urge e incluso amenaza a estos pueblos con medidas coercitivas. El anuncio se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 30 de octubre de 1865. Dice así su texto, que reproducimos con la grafía del original:

Como á pesar de la circular de esta Junta de 23 de Setiembre último, inserta en el Boletín Oficial núm. 40, los Sres. Alcaldes de los pueblos que á continuación se expresan no han participado aun haber abierto al público en 1º del corriente la Escuela de adultos conforme se les prevenía, esta Corporación ha acordado dirijirles este recuerdo, esperando que, sin dar lugar á otro, le darán parte en el término de ocho días de que un instituto tan importante y de inmenso bien para sus administrados se halla ya funcionando cual corresponde, pues de lo contrario se verá en la precisión de proponer al Sr. Gobernador de la provincia una medida coercitiva con dicha órden, encaminada como todas al progreso de la enseñanza, y por consiguiente á la mejora moral y material de la sociedad.

A continuación se consignan los nombres de los pueblos que no habían comunicado aún la apertura de sus escuelas de adultos. Y es un buen número de pueblos de la provincia de Ciudad Real, entre ellos Campo de Criptana. Podemos deducir de ello que, o bien a sus alcaldes se les pasó remitir tal información, o bien que las escuelas no se llegaron a abrir, por lo cual da la sensación de que la educación de adultos no importaba mucho. El hecho de que diez años después, en 1875, se tuviese aún que estar reiterando la exigencia a los pueblos de abrir al público sus escuelas de adultos, no hace sino darnos la razón en esta idea: No había, realmente, mucho interés en la educación de los adultos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO