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El 16 de noviembre de 1912 tenía lugar el funeral de la esposa de don Bernardo, Bernardo Gómez, músico y farmacéutico, o farmacéutico y músico, como se quiera, porque aquí el orden no importa mucho. Hubo música en el funeral, como no podía haber sido de otra manera. Y la música no se agostó en la intención de don Bernardo, porque ni siquiera los golpes inesperados de la Parca la pueden acallar. Y al poco, ya en 1913, en enero, mes frío de días grises, a lo mejor de días lluviosos (o a lo mejor no), días de luz corta, como corresponde a esa época del año, la música seguía sonando, y seguía en don Bernardo.

Y así, el día 20 de ese mes, la música se hizo viva. Fue con motivo de la primera Fiesta de la Escuela que se celebraba en Campo de Criptana. El lugar fue, como no podía ser de otra manera, en su Teatro Cervantes. De todo ello nos informa nuestro querido corresponsal criptanense, aquel cronista incansable que casi cada día enviaba su texto al periódico El Pueblo Manchego, aquel a quien tanto tenemos que agradecer aquellas imágenes criptanenses que nos dejó, a la posteridad, durante muchos años en aquel periódico provincial. Puede que nunca, en ningún otro momento de la historia, haya tenido Campo de Criptana tanto protagonismo como en las páginas de aquel periódico, pues era raro el número en el que no se publicaba alguna crónica sobre él. De la primera Fiesta Escolar se informó en el número 638, año III, del 20 de febrero de 1913.

Cuenta la crónica cómo el teatro se llenó de niños vestidos de trajes de fiesta, gradas, butacas, galerías… todo el teatro. Llegó el alcalde y ocupó la presidencia, como es de rigor en estas circunstancias, y a su diestra estaba el cura párroco y a su siniestra (que no se interprete aquí ningún mal agüero encubierto), estaba uno de los tenientes de alcalde. Y asistió clero, y asistieron los médicos de la localidad, y asistieron los abogados. Y más gente, y las madres y los padres. Éste era el ambiente que se vivía en el teatro aquel día.

Y no faltó la música. Y aquí entra en escena don Bernardo, porque la música siguió sonando, y porque no había acontecimiento musical en Campo de Criptana en el que no estuviese don Bernardo. Y hubo dúo, música de piano y canto. Veamos qué dice el periódico:

Con buen gusto y afición se cantó por todos los escolares y acompañamiento al piano de D. Bernardo Gómez, autor de la música, el himno escrito para este acto por nuestra paisana la erudita Srta. Dª Micaela de Peñaranda.

Era Micaela escritora de cierta fama en su tiempo, escritora de temas religiosos, de novelas, también de teatro y también de poesía. No hablaremos de ella aquí, porque ya en su momento le dedicamos toda una serie, muy sustanciosa, en su momento. Estalló el teatro en aplausos, y al final los niños recitaron… Y el Director de la Escuela graduada agradeció a todos su participación.

Poco a poco, suponemos, el teatro se fue desalojando. Se apagaron las luces. Quedó todo quieto, tranquilo en la noche. A lo mejor todavía seguía resonando el himno en el éter, como quien no quiere la cosa. A lo mejor aquella noche la música siguió, y a lo mejor don Bernardo se puso a componer, a la luz sosegada de un quinqué… quién sabe si un pasodoble o una de esas mazurcas que tanto le gustaban y que, hay que reconocerlo, tan bien le quedaban.

JOSÉ MANUEL CAÁS REÍLLO´´