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Visitó el obispo oficialmente Arenales de la Moscarda. Fue un día de noviembre de 1911. Hubo recibimiento, hubo ceremonial, hubo también un banquete, y llegó, como llega en todo, el final de la visita. Tienen las despedidas un no sé qué de melancólico, de triste, pero también tienen mucho de esperanza, de un nuevo camino a recorrer que muchas veces no se sabe muy bien adónde nos llevará.

De todo el protocolo formó parte nuestro corresponsal criptanense del periódico provincial El Pueblo Manchego. Y estuvo también en el banquete y ya, por la tarde, en la sobremesa, a las cuatro, recién concluida la comida, en la que, como ya se dijo, hubo hasta champán, el de Bénézet, tomó nuestro corresponsal nota detallada de la despedida que brindó el pueblo de Arenales de la Moscarda al obispo. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, toda la crónica que recoge la información de aquella visita se publicó en El Pueblo Manchego, del 1 de diciembre de 1911.

Veamos ahora cómo fue aquella despedida:

A las cuatro de la tarde marchó Su Ilustrísima nuevamente á Tomelloso acudiendo á despedirle el vecindario entero y la profesora de Instrucción Pública con los alumnos y alumnas de su escuela incompleta y que dicho sea de paso merece la mencionada porque trabaja y cultiva con amor las inteligencias á su cuidado encomendadas.

Así ha terminado la jornada del señor Obispo en Arenales de la Moscarda.

Y se fecha la crónica en 30 de noviembre de 1911, y la firma “El Corresponsal” quien, como en otras de sus crónicas hemos podido observar, era muy receloso de su identidad y prácticamente nunca firmó con su nombre auténtico. Curiosamente, la maestra de Arenales, contra lo que se hubiese esperado, no estuvo, al parecer, invitada al banquete de honor al obispo.

Y volvió la plácida vida del Arenales de 1911 a su cotidianeidad, y volvió cada uno a su afán de cada día, a esa normalidad con que se pasa el tiempo sin que parezca que el tiempo pasa… presente que se hace pasado, futuro que se hace presente y que pronto será pasado y así hasta que llega el final, como también tuvo final la visita del Obispo.

Y aquel día cayó la noche, a lo mejor fría, a lo mejor lluviosa. Y en Criptana, en su casa, a la luz de un quinqué, nuestro corresponsal escribía, y escribía y escribía, y ponía punto y final a su crónica. Sus recuerdos, como en otros casos había hecho, habían quedado recogidos en una cuartilla, y pronto aparecerían publicados en un periódico. Y gracias a él, a su cuartilla y al periódico, hoy nosotros hemos podido saber cómo fue aquella visita del obispo a Arenales de la Moscarda, hoy, ciento siete años después. La mirilla a otros tiempos sigue abierta.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO