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Desde lejos_la Huerta del Bajo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Dejábamos el último día al caminante en el camino de Campo de Criptana a Quintanar de la Orden. Y llegó cerca de la Huerta del Bajo, y se detuvo. Y la contempló. Dejaba atrás paisaje de onduladas colinas, de viñedos por aquí y por allá y, como caído por casualidad, de vez en cuando un olivar. Venía de otra huerta, la de Treviño, y llegaba a la del Bajo, quizá la única en el término criptanense que conserva con toda su pureza el sentido bucólico de otros tiempos, los rincones que parecen pertenecer a otros tiempos y a otros espacios. En aquel lugar, diríase a veces que el tiempo se ha detenido, que se siente el caminante, casi casi, atemporal. Un día de lluvia será mejor, un día gris también. ¿Por qué gustan tanto estos días al caminante? Pues, precisamente, porque en ellos no se distingue por la luz mañana de tarde, no hay horas, como si el día se hubiese detenido. A lo mejor esos días puede uno, puede también el caminante, sentirse eterno por un momento.

Nos muestra el mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1886 que eran esas tierras paso obligado de caminos entre pueblos. Pasaban por allí los de Campo de Criptana a Quintanar de la Orden, y muy cerca el que se dirigía a la Puebla de Almoradiel, y cerca pasaba el que iba de Alcázar de San Juan a El Toboso. Eran, en fin, en otros tiempos, parajes muy transitados por los viajeros, lugares en los que la existencia de un poco, como por ejemplo el de la Huerta del Bajo, eran cuestión vital. Y no era éste el único poco que había por aquel entonces (y hay aún hoy) por aquellos parajes.

Paisajes: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Desande el caminante el camino hecho, y esta vez vaya hacia el norte. Se desviará luego a la derecha y dejará el camino a Quintanar de la Orden para seguir el que le llevará al paraje de El Charco. Allí, junto al camino y cuando éste comienza ya a adentrarse entre suaves colinas onduladas, allí encontrará el caminante el Pozo del Charco. Y si sigue el caminante, encontrará el camino del Serrano, que es camino de prestancia y camino importante. Y, si quiere el caminante, dejará así el Camino del Charco para seguir el de Serrano. Más allá al norte, se extiende el paraje de El Charco, y a la derecha la Dehesa del Puerco, y más al norte el paraje de Casa de Paletas. Y a poco que siga más al norte, así como quien no quiere la cosa, cambiará el caminante de término municipal y de provincia, y pasará a Toledo, al término de Miguel Esteban.

Es paisaje misterioso, o al menos eso le parece al que escribe. Es paraje abundante en olivares, y de vez en cuando un almendro despunta entre ellos. Pero no se olvida el caminante, antes de tomar el camino de Serrano, de volverse, y contemplar el vallecillo que acaba de dejar, esas tierras bajas que, a modo de arena de un anfiteatro, rodean colinas por aquí y por allí. Pero hay que buscar otros destinos, y el caminante retoma su marcha. No nos dice hacia dónde va. Mañana lo averiguaremos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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