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Viñedos y más viñedos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Y está dejando ya a sus espaldas el caminante las tierras que recorrió ayer, las que están al norte de la N-420, las de los Paredazos de Alarcón, las de la Casa de la Bóveda. Se dirige decidido por el camino de los Ceroneros hacia el sur, y atraviesa el Camino de las Bataneras, topónimo que, como decíamos ayer, no está recogido en los mapas actuales pero sí en el mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1886. E igual ocurre con el Camino de los Ceroneros, camino importante como el que más, cuya existencia parece no importar mucho a la geografía moderna, porque tampoco lo recoge en sus mapas.

Y sigue el caminante hacia el sur, y atraviesa el Camino Viejo de Campo de Criptana a Pedro Muñoz, ya muy cerca de la N-420. Está ese camino, el viejo de Criptana a Pedro Muñoz, como casi todos, ya marginado, ya arrinconado por la carretera, pero ahí sigue, como testimonio de otros tiempos.

Siguiendo el camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Y llega el caminante a la N-420. Mira bien, caminante, a la derecha y a la izquierda, porque es cruce peligroso y, hay que reconocerlo, algunos vienen volados por la carretera, como si se les agotase el tiempo. Mira bien, caminante, y cruza cuando puedas. Y así lo hace. Mira a la izquierda, mira a la derecha; no viene nadie. Cruza el caminante con paso rápido, por si acaso, porque después de recorrer tanto y tanto camino no se fía ya de su percepción de la velocidad y la distancia en las carreteras. La carretera ya aparece dibujada en el mapa de 1886, y cerca del cruce con el camino de los Ceroneros, recoge éste una “Casilla de peones camineros”. A lo mejor por eso el paraje circundante recibió el nombre de La Casilla, tal y como aparece en los mapas modernos. Estaba tal casilla, más o menos, a medio camino entre los kilómetros 303 y 304 de la N-420. El cruce con el camino de los Ceroneros se encuentra, más o menos, en el kilómetro 304. Mucho “más o menos” hay por aquí, pero basta para entendernos y para situar las cosas como es debido.

Y más viñedos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Y, como es costumbre en nuestro caminante, contempla los alrededores, y descubre los parajes. Mira al norte, todo viñedos, mira al oeste… y ahí esta la Casa del Cojo, y mira al este, y a lo mejor allí, detrás del pequeño bosque de encinas, está la Casa de Castilla. Añadamos que el nombre del camino que venía siguiendo el caminante cambia de nombre desde la N-420 hacia el sur. Ya no se llama de Ceroneros. Ahora se llama “Camino de Argamasilla de Alba a El Toboso”. Y lo seguirá el caminante hacia el sur. Dejó a sus espaldas un camino de Campo de Criptana a Pedro Muñoz, el viejo. Encontrará ahora otro camino que sigue la misma dirección, pero éste es el de “enmedio”, y un poco más al sur encontrará otro más… el nuevo. Tres caminos para ir de Campo de Criptana a Pedro Muñoz, el viejo, el de “enmedio” y el nuevo… ¡cosa nunca vista en las historias camineras! Pero, como en otros casos, que no busque el caminante, o el lector, o quien se tercie, tales denominaciones en el mapa moderno. Será búsqueda vana, tanto, por lo menos, como intentar dibujar en la superficie del mar o dibujar un triángulo de cuatro lados.

Pero en éstas se le ha ocurrido al caminante que a lo mejor merece la pena acercarse a la Casa de Castilla… ya que está aquí.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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