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La Casa de La Puente: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Llegó ayer en su periplo por parajes de Arenales de San Gregorio y de Campo de Criptana a la Casa de la Puente. Llamemos así al lugar aquel, situado en la orilla sur del río Záncara, junto al Puente de San Benito, porque así aparece en los mapas modernos. Pero no siempre ha sido así. Toma entre sus manos el caminante el mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1886, o se traslada en el tiempo hacia aquel año. Lo que él prefiera. No aparece tal nombre, sino únicamente una leyenda… “Corral”, junto a un punto rojo que es precisamente el que hoy encontramos como Casa de la Puente. Vaya… esto es subir de categoría y promocionar en el aspecto cartográfico… de Corral a Casa.

El Záncara está tranquilo, más que nada porque, como es habitual, no tiene agua, y su cauce está seco, y árido, y polvoriento. En los mapas de hoy el Záncara aparece como una línea azul, discreta, casi imperceptible; pero en el mapa de 1886 el Záncara es todo un señor río con la anchura que a un río corresponde. Está delimitado el río por una línea azul discontinua, y esto hace alusión a su carácter inestable, inencauzado, caprichoso… que ahora inundo que ahora non inundo, que traspaso mis límites que ahora no los traspaso. En eso los ríos son como las personas… un poco veletas.

El río aquel: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

¿Qué anchura podía tener el río más allá del puente allá por 1886? Pues hasta 190 metros, y un poco más allá hasta los 300 metros. No es cosa de broma. Cuando se construyó un puente como el de San Benito era porque, realmente, era necesario construirlo. Los antiguos en esto eran muy prácticos y no se andaban con tonterías. Cuando se construyó este puente con tal longitud y con los ojos que tiene, es porque el río tenía por allí una gran anchura… y hacía falta un puente.

El río indómito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Hoy es difícil de imaginar para el caminante, o para el viajero, o para quien se acerque al puente por curiosidad que en otros tiempos este río fue expansivo, que fue inundador (si se me permite el neologismo), que ni la naturaleza le ponía límites. Hoy el caminante está en pie sobre el puente. Apoya su mano sobre la barandilla de hierro, y mira hacia el oeste. Contempla el cauce del río. Aún se pueden ver las huellas de las viejas inundaciones, pero hoy ya no tiene agua el cauce. Pero, al menos, el Puente de San Benito es testimonio vivo de la historia, pero no sabemos por cuánto tiempo.

Piensa el caminante que ya ha llegado el momento de partir y de retomar la marcha. Mira hacia el norte, y ve Campo de Criptana a lo lejos, mancha blanca apaisada que reposa sobre sus colinas; mira hacia el sur, hacia las llanuras inabarcables que llevan a Alameda de Cervera y a Tomelloso. ¿Cuál será su rumbo? Mañana lo veremos. Hay una cosa cierta: Queda aún mucho camino que recorrer, y se recorrerá.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO